(Foto Eduardo Monzón)

Eduardo Monzón || Especial para El Carabobeño

Hablar de Barinas es pensar, casi de inmediato, en sus extensas llanuras. Limita por el norte con Mérida y Trujillo. En ese estado nacen muchas de las montañas que forman parte de la Cordillera de los Andes, por eso se le conoce como el piedemonte andino barinés, un destino ideal para los amantes de la naturaleza y la aventura.

Para dirigirse a este lugar es necesario trasladarse a la ciudad de Barinas y transitar la vía que conduce a Mérida, a través de la carretera intercomunal Barinas-Barinitas. Algunos kilómetros después de Barinitas se toma el desvío hacia Altamira de Cáceres, un pueblo colonial y pintoresco que hace recordar a las coloridas calles del casco central de Choroní, en Aragua. Esta angosta vía está rodeada de densos bosques que regalan paisajes únicos y un clima muy fresco.

A pocos minutos de Altamira de Cáceres se encuentra Calderas, un poblado pequeño, tranquilo y con aroma a café. La amabilidad y la calidez de los habitantes se resumen en una taza de exquisito café, cultivado en sus suelos, producto que ofrecen con orgullo y bondad a los visitantes.

Calderas es el punto de partida para ir hacia numerosas rutas de senderismo que se encuentran en los alrededores de este pueblo, todas ofrecen pasos por ríos y diversos sitios de interés. Una de estas rutas es conocida como la Vuelta de las Escaleras, que consiste en una caminata desde la plaza Bolívar, se realiza un ascenso por empinadas calles de cemento que permiten observar cómo viven sus habitantes, entre costumbres andinas y llaneras.

Se abandonan las calles para adentrarse en la naturaleza virgen y silenciosa, en el camino se contemplan extensas colinas muy verdes, arbustos de varios tamaños y ganado cuidado por los baquianos. Todo forma parte de un ecosistema muy puro, poco perturbado por la civilización.

Al avanzar algunos kilómetros, la vegetación se transforma radicalmente para dar inicio a una exuberante selva nublada, minada de exóticas especies. Los suelos son húmedos y la temperatura baja. La emoción y la adrenalina llegan a su máxima expresión al momento de realizar un impresionante descenso de más 50 metros por una red de empinadas escaleras de metal, instaladas de forma vertical en una pared montañosa rodeada de grades árboles. Sin duda una experiencia difícil de olvidar para los aficionados a las actividades extremas.

Al terminar el descenso se llega a un pequeño dique, en donde se puede calmar la euforia de las escaleras con un baño en las aguas cristalinas y gélidas que brotan de lo alto de la montaña. Es un momento ideal para descansar y contemplar la naturaleza, que muestra su lado más puro y salvaje.

Se prosigue el trayecto para abandonar la selva nublada y volver a los senderos por colinas, el cielo se hace nuevamente visible y la temperatura cambia una vez más. Se llega a Agua Blanca, lugar donde se observan pocas viviendas en medio de la tranquilidad. En este punto se encuentra la mucuposada Los Alcaravanes, que brinda una forma de hospedaje en la que se comparte con los habitantes de un hogar que han adaptado parte de su casa para visitantes. La mucuposada forma parte de un proyecto auspiciado por la Fundación Programa Andes Tropicales, que involucran a la comunidad en planes ecoturísticos y actividades económicas sustentables, como la producción y venta del café de la zona. El producto final es de altísima calidad.

En Agua Blanca se puede conversar con sus habitantes, quienes con humildad y cariño les cuentan a los visitantes cómo construyeron sus casas con barro y madera, y la forma en que viven de la tierra con el cultivo de frutas y hortalizas. Lo único que se puede sentir por ellos es orgullo y admiración, conocerlos fortalece el amor por Venezuela. El aroma de sus cocinas de leña se queda grabado en la memoria.

De regreso a Calderas puede conocer la cascada Las Monjas, una caída de agua entre rocas de llamativa forma, que hacen del lugar un destino privilegiado. Es posible tomar un baño en sus aguas frías y restauradoras que llenan de vida y felicidad. No se vaya de Calderas sin comprar su café molido.




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