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Gerardo Rangel Sánchez|| grangel@el-carabobeno.com

Después de cuatro meses la angustia consume a Aída Joya. El motivo: vivir a la intemperie. Ella forma parte de las 800 familias afectadas en Brisas del Hipódromo, desocupadas por la Operación para la Liberación del Pueblo (OLP) que de manera arbitraria procedió a la demolición de sus casas. “No es justo, a nosotros nos prometieron entregarnos los apartamentos y nada ha pasado”. De la casa de la mujer, construida luego de seis años de trabajo, solo quedan ruinas.  

Les prometieron reubicación en el urbanismo Ciudad Chávez. José Betancourt es uno de los afectados. A él le entregaron recientemente un apartamento. Pero dice no estar conforme. “No tiene  ventanas, las puertas están en el suelo”. Antes de eso tuvo que vivir en un refugio en el sector Ciudad Tricolor luego de la OLP.  

Betancourt afirmó que el 16 de agosto los agentes estaban rondando la zona y colocaron música. En la madrugada los hombres de la comunidad fueron llevados a un terreno y trasladados al Comando Regional  Estratégico 2 de la Guardia Nacional (CORE 2). En ese instante solo quedaron mujeres y niños en  Brisas del Hipódromo para proceder al desalojo. “Me extrañó que el maquinista llevaba un pasa montaña para cubrirse el rostro”. 

Funcionarios de la estatal Petroquímica de Venezuela (Pequiven) que supervisan la asignación de las viviendas, les comunicaron que no hay disponibles, que deben esperar. “Estamos viviendo como indigentes en medio del monte, qué más quieren que esperemos”. 

 Daniel Márquez, gerente corporativo de Desarrollo Social de Pequiven y jefe de Seguimiento y Control del Órgano Superior de Vivienda en la entidad, no les da respuesta a pesar que Aida tiene tres hijos y es madre soltera. La misma situación la vive su hermana Nancy Joya, quien fue afectada por el desalojo. Un nieto se le enfermó de dengue. 

Uno de los niños de Nancy se queda con un familiar, para prevenir enfermedades. Después de seis años construyendo su casa, su esfuerzo fue demolido “Mi casa era de bloque y platabanda, ahora estamos viviendo bajo un toldo, eso no es justo” lamento Aída. El agua la obtienen de un pozo aledaño en Ciudad Tricolor, no cuentan con electricidad y la inseguridad es permanente. 

Las mujeres perdieron su trabajo por estar custodiando el terreno donde vivían. Aida trabajaba en mantenimiento y era niñera cuando comenzó el calvario el 18 de agosto, a los días fue despedida por no asistir.  

Para poder mantenerse dependen de sus hijos menores. Durante el día ellas van a los diferentes organismos a solicitar una ayuda, su hija mayor sufre de asma, por lo que vive con otros familiares. Nancy y su hermana cuentan que después de que demolieron sus casas construyeron un rancho para exigir su derecho a un apartamento, “Eso era lo que prometían” agregó Nancy. Todos los días quitaban la estructura ya que los oficiales las obligaban. Solo la presencia de algunas mascotas les hace más llevadero el día. Son tres perros y varios gatos que acompañan a estas damas en la lucha por una vivienda digna. 

A las hermanas Joya solo les informaron que deben esperar hasta el 15 de enero ya que su proceso entra en una mesa de diálogo. El caso esta en manos de Gloribeth Vásquez, quien es la secretaria (E) de Desarrollo Social y Participación Popular, preside Fundapueblo; el Fondo de Atención a la Familia, el Fondo de Cooperación Estado Comunidad, el Instituto Oficial de Beneficencia Pública y Asistencia Social del Estado Carabobo, (Lotería de Carabobo) y Fundación para los Niños (Fundaniño). 

El tiempo se acaba. “Ahora nadie nos quiere ayudar”, lamentó Aída. A esta desesperada madre operadores de maquinaria que se encuentran en Ciudad Chávez le informaron que por los momentos se pueden quedar, pero en enero deben salir. Denunció que están entregando apartamentos a personas que no son de las Brisas y habría corrupción. De sus casas solo quedó un montón de escombros, de la ilusión que un día fue tener un hogar propio. Las viviendas del sector 22 de Brisas del Hipódromo hoy no tendrán una Navidad feliz.  




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