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Sara Pacheco

Tres años entre polvo y barro. Carmen Garcés, habitante del barrio Renny Ottolina, en la parroquia Miguel Peña, no sabe qué es peor, si la lluvia o la sequía. La calle América, que pasa frente a su hogar, está destruida. Las huellas de un proyecto ejecutado sin ningún tipo de organización se mantienen. 

La comunidad tenía un fuerte problema con las cloacas. De acuerdo a varios vecinos, una cuadrilla improvisada contratada aparentemente por el consejo comunal, realizó la supuesta reparación. Desde el momento de su llegada, los residentes cercanos empezaron a sospechar que algo andaba mal. “Ni siquiera traían herramientas. ¿Qué clase de persona trabaja con construcción y no tiene herramientas? Yo les presté las mías”, explicó Carlos Castillo. 

Para Carmen, si el proyecto fue llevado a cabo por alguna empresa privada, o si se robaron dinero es lo de menos. “De verdad si se descubre que alguien robo no lo va a devolver. Aquí lo que necesitamos es solución”. Los días transcurren entre la limpieza cotidiana de las casas por el polvo que levantan los vehículos que transitan por el sector. Esto ha traído como consecuencia a la comunidad, gran cantidad de enfermedades respiratorias. Pero los días de lluvia convierten el asfalto en barro. Las entradas de viviendas cercanas limitan con él. 

Aún ninguna autoridad se ha acercado al lugar, a pesar de las denuncias. 




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