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El deterioro está a la vista de todos. (Foto Ángel Chacón)

Dayrí Blanco

Algunas siguen ahí. Con esfuerzo están en pie. Entre el ya oxidado hierro forjado de los grandes ventanales, aún pasa la sombra tímida del recuerdo de lo que fue una hilera completa de casas al mejor estilo español. Se muestran ante la mirada del comerciante que lucha por un puesto de trabajo seguro en la acera, la del colector del autobús que vocifera a todo pulmón las rutas ofrecidas, la del niño que confunde su vista entre la desidia y el helado que saborea, la de la joven que busca las mejores ofertas y ante los ojos de las autoridades.

Así está el casco central de Valencia, donde reposan más de 300 años de historia colonial. Esa misma que ha sido pisoteada por miles de transeúntes que caminan por las calles, donde se añora el ambiente apacible y de amistad que hoy ha sido inundado de descuido.

En el proceso de crecimiento de la ciudad, el casco central, que abarca su extensión norte-sur desde la avenida Cedeño hasta la Lara, y desde Paseo Cabriales hasta el cerro El Calvario en sentido este-oeste, ha sufrido la destrucción de algunas de sus más antiguas casas en miras de la modernización no planificada y poco armoniosa del lugar, dejando graves daños a lo que es el patrimonio histórico y cultural de la ciudad.

Pasear por sus calles, donde las familias se sentaban frente a sus casas a conversar, ya no representa una sensación agradable. Más allá del caos vehicular típico de la zona y de la desbordada actividad comercial informal, la panorámica que se muestra de las viviendas coloniales es un matiz perfecto de desidia pura.

En la calle Carabobo con Libertad hay una vivienda que está prácticamente levantada sobre sus propias ruinas. La puerta principal no existe. En su lugar hay una pared de bloques de concreto. De una de sus ventanas sale un árbol que creció de la semilla del abandono desde lo que una vez fue el gran patio central. Las paredes externas lucen tristes, grafitis pintados en los pocos espacios que no están carcomidos así lo sugieren. Pero eso no es todo. Un gran entramado de cables mezclados con maleza amenaza con causar pronto una tragedia.

Otras casas también abandonadas se muestran con algunas paredes que fueron derrumbadas en el marco de la ilegalidad. La integrante de la Academia de la Historia Cora Páez de Topel indicó que el trazado original de estas edificaciones se debe mantener. Sin embargo, no ha sido así. “Hace años se cometió la barbaridad de tumbar el mercado principal que estaba hecho de piedras, y ahora se sigue haciendo lo mismo con algunas casas. Eso no debe ser”.

Para ella, se requiere que las autoridades actúen con carácter, que se haga un censo serio de los dueños de estas propiedades, que se les obligue a restaurarlas, a mantenerlas, y si no se comprometen que el Gobierno se las compre para convertirlas en lo que siempre fueron: patrimonio histórico de la Valencia colonial.

Páez de Topel recordó que varios monumentos están en manos de la administración regional como la Casa Páez, “donde ya prácticamente no hay actividad”, la Casa de la Estrella, y la Casa de los Celis, “a la que le quitaron el presupuesto para su mantenimiento”.

Por lo pronto, el casco central de Valencia no refleja su verdadero legado histórico. Su herencia parecen ser el descuido, el desorden y la desidia mezclados con la indiferencia.

Ordenanza impide tumbar casas

El presidente del Instituto de Desarrollo Urbano del Centro de Valencia (Induval), Pedro Carvajal, informó que el instituto se encuentra de manos atadas para atacar el problema de las casas en ruinas del centro de la ciudad, porque la ordenanza que rige la materia lo prohíbe. Carvajal citó que la ordenanza mediante la cual se creó Induval, data de 1999, cuando la realidad de Valencia era otra y por ende las antiguas casas estaban en mejores condiciones. Directivos del instituto están trabajando en su modificación, para presentar el proyecto el próximo año ante los historiadores, la alcaldía y posteriormente ante el cabildo. El funcionario refirió que la ordenanza actual no permite que se derribe ninguna casa que se encuentre en el casco histórico. Por eso muchas de ellas terminan cayéndose solas. Carvajal aclaró que no está en contra de la historia, pero considera que se le debe dar paso a la modernidad, por eso se está modificando la ordenanza. También mencionó que otro problema que debe ser atacado, pero por el Gobierno Nacional a través de sus cuerpos de seguridad, son las continuas invasiones que se producen en el centro. De acuerdo a sus cálculos hay unas 40 casas invadidas por extranjeros y por lo menos tres edificios. El problema no es nuevo pero las autoridades no hacen nada. (BR)




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