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Alfredo Fermín

 

“Creo que los periodistas están un poco apocalípticos
porque el periodismo no se puede acabar. Se puede acabar una forma de
periodismo. Si se acaba el periodismo se acaba la sociedad democrática que no
puede existir sin información libre, plural, rigurosa, veraz”, afirma el
prestigioso escritor español Javier Cercas, autor del bestseller El Soldado de
Salamina, llevada con gran éxito al cine.

Cercas vino a Valencia para presentar su libro El Impostor
en la Feria Internacional de Libro de la Universidad de Carabobo, invitado por
Antonio López Ortega. Tuvimos la oportunidad de conversar con el escritor en el
hotel Guaparo Inn, donde se hospedó. El texto que sigue es el resumen de una
larga conversación que sostuvimos acompañados de Andrés Galindo, quien hizo el
registro fotográfico.

En el inicio de la conversación Javier Cercas dijo que en
España están pendientes de lo que ocurre en Venezuela y “yo tengo mucho interés
por lo que ocurra acá”.

-Mi interés se debe a que no soy un escritor español sino un
escritor en español. Mi tradición es la de mi lengua no la de mi país. La
lengua española se ha enriquecido mucho gracias a la literatura
latinoamericana.

La verdad es que esta es una experiencia muy rica. Estoy
hablando con mucha gente, vengo más a preguntar que a contestar. Me interesa
mucho lo que pasa aquí. No le voy a dar una opinión sobre política porque sería
temerario y descortés. Teniendo aquí cinco días sería yo quien tiene que
preguntarle a usted. No usted a mí. Yo lo que tengo es una impresión
superficial que debo digerir todavía.

 

¿Cómo es esa
impresión?

-A  pesar de que creía
que estaba relativamente bien informado sobre lo que pasa aquí, la verdad es
que no estaba informado. Lo que pasa aquí es algo viejo con ropaje nuevo.

 

¿En qué sentido?

-Tengo que pensarlo, porque la situación es más complicada
de lo que creía. Al mismo tiempo, veo cosas que me hacen sentir esperanzas de
que el país saldrá adelante. El experimento de aquí es distinto del que ocurre
en otras partes. Noto algo muy particular y es que  el acceso a la cultura es más difícil que en
otros lugares. Por ejemplo: los libros tienen muy difícil entrada. Mi último
libro es carísimo porque mi editorial se fue de aquí. Pero, a pesar de eso, hay;
es algo, que no está sucediendo en otros países: hay un interés extraordinario
por la cultura, por la literatura en particular.

-Además, hay élites
intelectuales bien preparadas, más que en España, hay gente muy bien informada
que, a pesar de las dificultades, saben lenguas, viajan, leen. Eso hace pensar que,  a pesar de las dificultades, este país va a
salir adelante porque aún existe la democracia. Eso es vital, esencial.

 

¿No percibe que en
Venezuela hay una dictadura?

-No creo que esto sea una dictadura.

 

Pero aquí hay mucha
represión…

-Me estas buscando la lengua. Un  régimen comunista es otra cosa. Por eso digo
que esto es algo nuevo con ropaje viejo. Es obvio que hay una presencia abrumadora
de un partido en el Estado. Es obvia  la
retórica comunista, revolucionaria, de izquierda. Es una retórica para ocultar
otra cosa muy antigua, de los años 70, que ya no existe ni en Cuba.

 

¿Le sorprendió el
éxito que tuvieron sus novelas Soldado de Salamina, llevada al cine  y Anatomía de un Instante?

-Espero que sean buenas novelas. Aparentemente son libros
enraizados en la concreta circunstancia española. Pero, en realidad, en el
fondo,  hablan de cómo estamos hechos los
seres humanos. Porque la literatura es aquello que convierte lo particular en
universal. Lo que le pasa a personas en concreto es lo que nos pasa a todos. No
hace falta estar interesado por la Guerra Civil 
o por la tradición española para leer, o para disfrutar esos libros.
Como no hace falta estar interesado en las guerras napoleónicas para disfrutar
Guerra y Paz. Yo no me esperaba que esos libros tuvieran tanto éxito.

 

¿Es lícito presentar
la ficción como hechos reales?

-En una novela por supuesto; en un reportaje, no. Es un
debate que no tiene ningún sentido, porque las novelas  son ficción y 
se puede hacer de todo. Cervantes dice que la historia de Don Quijote no
se la inventó él sino que la tradujo de un manuscrito arábigo. Es eso falso,
pero es un argumento que utiliza Cervantes, con toda legitimidad, para contar
lo que quiere contar. Algo  perfectamente
legítimo. La ficción es un engaño, como dijo Gorgias, nacido en el siglo IV
antes de Cristo y citado por Plutarco: la ficción, la poesía, son un engaño en
el que, quien engaña es más honesto que quien no engaña. Y , quien se deja
engañar  es más sabio que quien no se
deja  engañar. Entonces, en  la novela no es que esté admitido sino que es
obligatorio.

-Yo tengo que dejarme engañar y, como escritor, tengo que
hacerle creer al lector que aquello es verdad y como lector tengo que dejarme
engañar para sacar, de ese engaño, toda la sabiduría que contiene. En un
reportaje periodístico, en un libro de historia es inadmisible. Eso, en la
vida, es inadmisible, pero en la ficción es necesario, obligatorio. Todas las
estrategias que se usen para eso son legítimas.

 

¿Qué es  para usted el Periodismo?

-El Periodismo no es ficción, es la primera regla. En
historia no se puede fantasear, ni inventar, ni decir que, una cosa que no
existe,  no existe.

 

¿Cómo resume su
novela El Impostor, presentada en la Feria Internacional del Libro de la
Universidad de Carabobo?

-El libro que he presentado es una novela sin ficción,
porque el personaje es una ficción ambulante. El protagonista visible del libro
es un personaje que todavía vive en Barcelona, 
quien durante años pronunció conferencias sobre su supuesta experiencia
en un campo de concentración nazi, que se convirtió en un “rock star” de la
memoria histórica de los personajes de fines del siglo. Por ejemplo, habló en
nombre de todos los deportados del holocausto en el primer homenaje que el
parlamento español tributó  a esas
víctimas, hasta  que se descubrió, en
2005, que ese hombre jamás había estado en un campo de concentración.

-No solo eso sino que, en el libro, cuento cómo ese hombre se
inventó por entero su vida, de supuesto antifranquista, de supuesto héroe de la
guerra, de supuesto estudiante. Por eso digo que este hombre es una mentira
ambulante. Cuando estalló el caso fue un escándalo en España y la noticia  llegó a todas partes.

-A partir de la historia de ese hombre reflexiono sobre
cuestiones fundamentales. Ese hombre no es solo un reflejo de lo que hemos sido
los españoles sino  una hipérbole
monstruosa de lo que somos los seres humanos.

 

¿Quiere decir que
nuestra vida es una  ficción?

-No, quiere decir que los seres humanos tenemos algo de
impostores. Que la vida social es una impostura. La literatura presenta
imágenes monstruosas de lo que somos. Los escritores queremos cartografiar lo
que somos los seres humanos y, para hacerlo, creamos hipérboles monstruosas.
Macbeth  es una hipérbole de la ambición;
Hamlet, de la autoconciencia; y Romeo y Julieta del amor romántico. Somos como
actores en un escenario, porque todos nos disfrazamos de nosotros  y todos somos novelistas de nosotros mismos
para contarnos una historia distinta de nuestra propia vida. Porque todos
soñamos con una vida más rica y distinta. Solo que nosotros soñamos y El
Impostor, de mi novela, la llevó a cabo mediante una gran mentira, intensa y
heroica de lo que soñaba, violando  la
regla de la verdad que, como decía Montaigne, la primera regla de la razón de
los seres humanos es decir la verdad.

 

¿Debe tener el
escritor una actitud política frente a los acontecimientos de su entorno?

-No necesariamente. He llegado a la conclusión que del mismo
modo que el pasado y el presente no son cosas distintas,  lo colectivo no es diferente de lo
individual. Para entenderme a mí mismo tengo que entender a los demás. Tengo
que entender lo que ocurre en la polis. Esa es la política. Por esto, tengo una
actitud política porque  prescindir de la
política es prescindir de la dimensión esencial de mi mismo. Así que si la
tengo. Creo que la literatura sirve para muchas cosas, principalmente para
desenmascarar la realidad y para mostrarnos el rostro verdadero de las cosas.

-Es lo que hace la 
gran literatura que nos muestra las cosas tal como son. No sé si es
obligatorio para un escritor tener una actitud política o de intervención en la
sociedad. Escribo para un periódico, El País de España, donde  hablo de mis locuras personales y de lo que
atañe a los demás. Lo hago  porque siento
una responsabilidad. Los dueños de la palabra tenemos una responsabilidad, pero
el escritor no es el dueño absoluto  de
la palabra sino  un poseedor privilegiado.
Las palabras tienen un poder enorme, pueden servir para bien y para mal. Así
que hay que ser conscientes de su poder y hay que usarlo de la mejor manera
posible.

-De todos modos el novelista y el hombre que interviene en la
vida pública son dos cosas  distintas, que
pueden convivir en una misma persona pero 
la convivencia, entre ambos, es siempre conflictiva. Puede ser
enriquecedora pero complicada, porque el novelista trabaja con incertidumbres,
con dudas, con ambigüedades. Las verdades del novelista son contradictorias,
irónicas, polémicas. El novelista no toma partido, no juzga, no emite opiniones
directas.

-En cambio, las
verdades del hombre que interviene en la vida pública, lo que llamaban el
intelectual, tarde o temprano tiene que decir si, bien o mal.

 

¿Cuál es el futuro
del Periodismo?

-Hay un mal entendido. Yo no soy periodista, soy un escritor
que escribe en un periódico. Pero me aprovecho de los recursos del periodismo,
de la historia, del ensayo. El novelista es un caníbal. La novela es un monstruo
omnívoro que devora todo lo que tiene a su alrededor.

 

Llama la atención el
pesimismo general de los periodistas sobre el periodismo.

-Yo creo que el periodismo sobrevivirá porque es
absolutamente indispensable, como la novela, aunque cada uno tiene su ámbito.
Necesitamos gente que nos cuente lo que está pasando de la manera más nítida
posible. El problema del periodismo se debe a una confusión con la crisis del
negocio, que es algo muy distinto. Hubo alguien que tuvo la extrañísima idea de
que se podía leer gratuitamente lo que se escribe en el periódico. Eso nunca le
entendí. Que yo escriba un artículo y la gente lo pueda leer gratis en su ipod.
Hay un problema de cómo rentabilizar el periodismo pero no hay problema con el
periodismo, que es absolutamente indispensable, porque el hecho de que haya
mucha información no indica que haya buen periodismo. Necesitamos gente que
jerarquice las noticias, que explique bien las cosas con sus circunstancias y
consecuencias.

 

¿Está de acuerdo con
la independencia de España de Cataluña?

-Es una mala idea. La mejor idea que hemos tenido en Europa,
en los  últimos mil años, es  una Europa unida, por lo cual la separación
de una parte, me parece absurda. Nos queremos ir para volver a entrar a Europa.
El independentismo catalán ha sido una forma del populismo que ha surgido en
España. El rasgo fundamental del populismo es no asumir las propias
responsabilidades argumentando que las responsabilidades las tienen otros. En
Cataluña siempre ha habido gente que quiere, por motivos sentimentales e irracionales,
la independencia. Los nacionalistas, y los que se les suman,  afirman que la causa de nuestros males la
tiene España, por lo cual, si nos separamos de España, seremos felices y
comeremos perdices.  Eso es  falso y consecuencia de un gobierno autónomo,
con un poder extraordinario mediático que atribuye todas las culpas al gobierno
español mediante propaganda machacona para eludir sus responsabilidades. Es una
mala idea económica, política y cultural. Por eso, no estoy de acuerdo con
ella, a pesar de que  se ha creado la
idea de que todo el mundo la quiere pero, cuando hay elecciones, se demuestra
que eso no es verdad.

-El nacionalismo es un instrumento de élites corrompidas para
robar más y mejor  poniendo  por delante una retórica revolucionaria, sentimental.

 

¿Es de izquierda el
gobierno venezolano?

-A mi no me parece. La izquierda no es un gobierno que se
preocupa de los pobres. Franco y el fascismo se preocupaban por los pobres. La  izquierda, como yo la entiendo, debe ser
democrática, que aboga por un estado transparente, por una separación de
poderes para que haya un equilibrio entre la libertad y la justica. Son valores
incompatibles porque cuanta más justicia menos libertad y, cuanta más libertad,
menos justicia por lo cual hay que encontrar un equilibrio.

-La izquierda es la que se preocupa de eso y la que se preocupa
de dar igualdad de oportunidades para que los menos favorecidos puedan
disfrutar de instrumentos de emancipación. Yo me considero de izquierda pero,
por lo que veo, aquí a mi no me suena nada de izquierda. El gobierno cubano
nunca fue de izquierda, eso es una dictadura.




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