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El estadio fue inaugurado en mayo del año pasado. (Foto Archivo)

AFP

Seis meses después del Mundial 2014, el estadio de Cuiabá, uno de los estadios construidos en Brasil para este suntuoso torneo será clausurado temporalmente para recibir reparaciones “de emergencia” en su estructura.

El Arena Pantanal de Cuiabá (Mato Grosso, centro-oeste), inaugurado en mayo pasado, “pasará por intervenciones de emergencia para solucionar diversos problemas de construcción con el objetivo de ofrecer seguridad a sus usuarios”, indicó el gobierno del estado en un comunicado.

El estadio, que fue construido a las carreras (un trabajador murió incluso electrocutado en mayo pasado) y entregado con atraso, recibió cuatro partidos del Mundial.

Costó 570 millones de reales (250 millones de dólares al cambio de entonces) y tiene capacidad para 44.000 espectadores.

Con estas primeras intervenciones, el gobierno de Mato Grosso espera poder usar este estadio para el campeonato regional, que arranca el 1 de febrero. Pero las autoridades advirtieron que sólo permitirían la reapertura del estadio cuando no haya riesgo para los aficionados.

Trabajos de mayor envergadura en el complejo deportivo continuarían en mayo, después del período de lluvias.

De cualquier modo, el futuro del Arena Pantanal, propiedad del gobierno del estado, es incierto luego que el gobernador de Mato Grosso, Pedro Taques, reconociera la semana pasada que el estadio es deficitario.

En sólo seis de las 12 sedes de la Copa juegan de forma regular clubes de la primera división brasileña. Cuiabá no es uno de ellos, al punto que se llegó a contemplar que se celebraran allí juegos de una liga aficionada de fútbol americano.

Ante un temor generalizado de estadios convertidos en “elefantes blancos”, el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, reconoció el martes en Sao Paulo que los recintos usados en el Mundial-2014 tardarán un tiempo en alcanzar un uso regular.

Tendrán que pasar, por ejemplo, 1.000 años para que el Distrito Federal amortice los 1.400 millones de reales (624,6 millones de dólares al cambio de entonces) invertidos en la remodelación del estadio Mané Garrincha de Brasilia, según la auditoría del Tribunal de Cuentas del Distrito Federal (TCDF).

Los más de 11.000 millones de dólares que gastó Brasil en “su” Mundial, despertaron una histórica ola de protestas en junio de 2013, en plena Copa Confederaciones, en favor de mayor inversión en servicios públicos, como transporte, salud y educación.




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