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El hombre elegido para convertirse en el próximo primer ministro, Haider al-Abadi. (Foto Archivo)

AP

La decisión de Nuri al-Maliki de dimitir como primer ministro de Irak fue recibida con celebraciones de sus oponentes el viernes, y el principal clérigo chií del país instó a su sucesor para que realice las reformas necesarias para que el nuevo gobierno pueda combatir a los insurgentes suníes que han tomado el control de gran parte del país.

El hombre elegido para convertirse en el próximo primer ministro, Haider al-Abadi, un veterano legislador chií, ahora enfrenta el reto enorme de tratar de unir a los políticos iraquíes, mientras él forma un gabinete en poco más de tres semanas.

Las principales facciones iraquíes desconfían profundamente entre sí. Los políticos suníes están presionando para tener más influencia política, alegando que la privación de derechos que sufrieron bajo el gobierno de mayoría chií de al-Maliki alimentó el apoyo entre la minoría suní a la insurgencia, liderada por el grupo extremista Estado Islámico.

Al mismo tiempo, los militares necesitan un apoyo significativo después de dividirse frente al avance de los milicianos y de ser incapaces de recuperar el territorio perdido ante los insurgentes.

El viernes, la emoción inmediata de que al-Maliki haya cedido fue un alivio, después de semanas de insistir en que se le debía permitir un tercer mandato de cuatro años, provocando una creciente crisis política en la que incluso sus compañeros chiíes presionaron para que se fuera.

Durante las oraciones del viernes en Ciudad Sadr, un distrito chií de Bagdad, un hombre distribuyó dulces a los fieles chiíes, proclamando “Saddam ha caído”, comparando a al-Maliki con el fallecido dictador Saddam Hussein.

Tal comparación mostró cuán profunda es la oposición al primer ministro saliente, incluso entre algunos de sus compañeros chiíes. Ciudad Sadr está dominada por los seguidores del poderoso clérigo chií Muqtada al-Sadr, uno de los críticos más duros de al-Maliki. Hace seis años, al-Maliki envió fuerzas de seguridad a esa zona para combatir a las milicias de al-Sadr, establecer su autoridad y proyectar una imagen de líder nacional.




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