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Desde que María Galea empezó a trabajar en el sector la Candelaria recuerda el mismo bote de aguas negras. Nace cerca de la plaza Los Almendrones y desciende hasta la calle Plaza, donde desemboca en una alcantarilla que está a punto de obstruirse por completo. Sin embargo, a su paso deja estragos, especialmente en los establecimientos que ofertan comida. 

Hay veces que se pone peor, pero jamás está seco. Nunca lo he visto sin agua. Algunos días tendrá poco, otros días mucho pero siempre hay cloaca”, argumentó Galea. Darío Díaz junto a otros trabajadores y vecinos de la zona, comentaron que antes se desbordaba agua blanca. Pero coincidieron en dos aspectos con María: el bote tiene mucho tiempo y a pesar que en ocasiones se ven cuadrillas trabajando, la solución no llega. 

En época de precipitaciones la situación empeora significativamente. El agua pluvial aunada a las cloacas, imposibilita el camino para peatones y choferes. (SP) 




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