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“No sé qué voy a hacer con tanta libertad”, dijo ‘Popeye’ (Foto Internet)

AFP

Una vida en el anonimato y con el temor permanente a morir. Eso le espera a John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, mano derecha del extinto capo Pablo Escobar, tras recobrar su libertad el martes luego de 22 años preso en Colombia.

“No sé qué voy a hacer con tanta libertad”, dijo ‘Popeye’ a funcionarios de la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, 170 kilómetros al noreste de Bogotá, antes de abandonar el penal el martes a las 21H03 (02H03 GMT), cuando una caravana de vehículos lo escoltó hasta una comisaria de la capital colombiana, donde se subió a un coche particular y partió con rumbo desconocido.

Lo que sí sabe el sanguinario exjefe de sicarios del Cártel de Medellín, que reconoció haber cometido unos 300 asesinatos y coordinado otros 3.000, es que a lo largo de su vasta carrera criminal se ganó no pocos enemigos poderosos y víctimas dolidas.

Entre ellos hay exparamilitares y exnarcotraficantes, además de los familiares de las 110 personas muertas en el atentado al avión de Avianca, y de los de políticos, magistrados, militares y policías cuyas vidas segó siguiendo órdenes de Escobar.

“No tengo miedo”, ha asegurado en varias entrevistas. Sin embargo, cuando la revista mexicana Proceso le preguntó el año pasado qué posibilidades creía que tenía de sobrevivir fuera de la prisión contestó: “Un 80% que me matan y un 20% que corono”.

Incluso intentaron acabar con él en las tres cárceles donde estuvo desde octubre de 1992, según dijo, en las duchas en la mañana aprovechando que estaba “desnudo y enjabonado”.

Paradójicamente, la propia familia de Escobar le guarda rencor por sus declaraciones sobre el hijo del capo, a quien presentó como un “lobo con piel de cordero” al relatar su participación, cuando tenía apenas 12 años, en torturas y otras fechorías, en fuerte contraste con la imagen de hombre limpio que proyecta desde hace años bajo su nuevo nombre de Sebastián Marroquín.

Prueba del evidente temor de Velásquez es su pedido de protección a la Defensoría del Pueblo antes de salir en libertad condicional tras cumplir las tres quintas partes de su condena y colaborar con la justicia para esclarecer otros crímenes, entre ellos el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, por el que había sido sentenciado a 30 años.

“Su integridad puede estar en peligro porque tiene muchas cuentas pendientes con víctimas y exsocios”, dijo a la AFP César Páez, experto en seguridad y narcotráfico de la Universidad Externado.

Aunque descartó que el riesgo de venganza para Popeye sea tan alto como dice, dijo que seguramente buscará “desaparecer” llevando una vida de bajo perfil.

“En manos de Dios”

A los 52 años, Popeye declaró ser un “hombre totalmente nuevo” que cambió sus “antivalores por valores”. Hasta pidió “perdón al buen Dios, a las personas que les causé daños”, en una carta entregada a los periodistas que aguardaban su salida el martes. Pero incluso si logra llegar a viejo, la vida de “bandido retirado” será dura.

“Que un exconvicto en Colombia tenga una segunda oportunidad es difícil. Pero para él es casi imposible”, dijo a la AFP el profesor de Derecho Penal de la Universidad del Rosario, Francisco Bernate.

Popeye tiene estudios secundarios y obtuvo algunos diplomas en prisión, pero eso no es suficiente para una reinserción laboral óptima, según Bernate. Lo más grave sin embargo son sus antecedentes.

“Vivirá en la permanente zozobra, en la incertidumbre, tocando muchas puertas y viendo que todas se le cierran”, dijo.

Antes de obtener la libertad plena deberá reportarse periódicamente a las autoridades por un período de prueba de 52 meses y 22,7 días.

Eso significa que si quiere viajar a ver a su hijo, que vive en Estados Unidos, deberá pedir autorización al juez. También deberá informarlo si cambia de domicilio, así como darle cuenta de su buen comportamiento.

“Me iría contento para Estados Unidos, pero no me hago ilusiones, estoy más preparado para vivir escondido en la montaña”, ha dicho varias veces.

También aseguró que buscará una mujer “buena, bonita y austera” para compartir el dinero que tiene guardado, con el que cree que podrá vivir modestamente el resto de sus días. Su gran sueño, dijo, es hacer una película con la verdadera historia del Cartel de Medellín.

“Siempre he creído que el destino de uno está en las manos de Dios. Así que entiendo los problemas que me esperan en la libertad, pero sé que nada depende de mí, sino de él”, dijo a la revista Semana en septiembre de 2013.




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