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Los estantes lucen vacíos. (Foto Kevin Barrios)

Dayrí Blanco

Es historia del pasado ir a un concesionario de vehículos para comprar un repuesto genuino. Marcelo Arráez solía hacerlo. Se sentía seguro y confiado al pagar un poco más que en un establecimiento común, pero con la certeza de haber instalado en su carro un producto de calidad. Ahora debe conformarse con lo que tengan en inventario. Tuvo que pagar por amortiguadores chinos y rodamientos genéricos en el mismo sitio donde le ofrecían exclusivamente la marca autorizada por la ensambladora de su automóvil.

Las trabas y el retardo que han caracterizado el proceso de adjudicación y liquidación de divisas, tienen vacíos los almacenes de estos negocios. Las posibilidades de importar mercancía se han reducido, y desde sus casas matrices les envían menos del 5% de los despachos habituales.

Quienes trabajan en estos establecimientos, desde el inicio de 2014 han tenido que improvisar una red de proveedores. En guías telefónicas buscan los datos de tiendas de repuestos, solicitan presupuestos, hacen pedidos y esperan que se los entreguen para ofrecérselos a sus clientes.

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