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Luis Alejandro
Borrero | lborrero@el-carabobeno.com

La escasez de divisas tiene rostro: es el de un enfermo
crónico
. Un grupo de pacientes visita semanalmente la Planta Valencia de la
multinacional farmacéutica Pfizer. Se anuncian en la puerta. Esperan, y cuando
son atendidos piden que les ayuden a conseguir un poco de Dostinex. A veces
hay, a veces no.

Ellos padecen un tumor alojado en su cerebro, detrás de los
ojos. Es un desorden de la glándula hipófisis que produce prolactina en exceso.
La deformidad crece constantemente si no es tratada. La lesión está en un lugar
tan delicado que los médicos prefieren bajar el volumen del tumor con
medicamentos —como el Dostinex— antes que operar.

La industria químico – farmacéutica es la espina dorsal del
país. “Los más afectados por esta crisis son los consumidores, el pueblo que
está enfermo y no puede esperar”, dice Alí Mora, secretario general del
sindicato de la planta Pfizer. Confiesa que los trabajadores se han puesto a
llorar con los enfermos puertas afuera de la empresa. 

— A diario hacemos aproximadamente 15 donaciones a personas
con padecimientos crónicos, explica el sindicalista.

Pfizer ya no produce Dostinex. De sus 17 líneas de producción
de medicamentos cinco han trabajado de forma intermitente en 2015, cuando
estalló la crisis. La línea que produce Atamel es la única al 100%. La
capacidad productiva de la empresa se desplomó en apenas 11 meses. En enero
comenzó la asfixia: en noviembre la operatividad es cercana al 10%, reafirmó
Mora con angustia.

La empresa necesita 20 millones de dólares anuales. Los
principios activos con los que se manufacturan los medicamentos provienen del
exterior. La deuda que el Gobierno acumula con la multinacional asciende a 650
millones de dólares desde 2012, según la gerencia, citó Mora.

Pero no hay garantía que se pueda mantener ese sistema de
ayudas. En Pfizer los trabajadores se están yendo. No son despidos, sino
cesantías, define el vocero.

— ¿Qué significa eso?

— La empresa no puede seguir manteniéndoles. Entonces les
arregla con una liquidación a la que hemos llamado “la cajita infeliz”.

— ¿En qué consiste?

— El 80% de la liquidación es en bolívares. El resto lo
depositan en una cuenta en Panamá en dólares.

— ¿Y si el trabajador
no tiene cuenta afuera?

— Por eso no hay problema. Ellos mismos te tramitan la
apertura.

La empresa no ha hecho oficial la información. El Carabobeño
no pudo confirmarlo independiente. Pero el sindicalista sostiene que la
realidad es más que palpable: hay más de 350 despidos indirectos de la nómina
de Pfizer, 300 visitadores médicos y 52 de fabricación. “Eso es lo que más nos
preocupa, ¿Cómo se reactiva la producción si no hay mano de obra para
hacerlo?”.

Quienes operan en las máquinas forman parte de un personal
clave. Son años de preparación técnica los que se requieren para manejar de
forma precisa las cantidades y procesos que se necesitan para hacer una tableta
medicinal u otro producto. Ahora están en la calle.

Marcela Máspero, coordinadora de la Unión Nacional de
Trabajadores (Unete), calcula que por la crisis de divisas se han perdido 100
mil empleos en el país. En el sector farmacéutico la cifra asciende a dos mil.
La debacle de Pzifer representa el 17,6% de la depresión del sector, en apenas
11 meses.

— Aquí no hablamos de un paquete de harina PAN, que la gente
puede sustituir con yuca. Si nosotros nos paramos se pone en riesgo la vida de
las personas, exclama preocupado Alí Mora.

Estado no ha podido

El trámite de importación no funciona bien ni siquiera para
el Estado. Es una de las dificultades que expone la memoria y cuenta del
Ministerio de Salud en 2014, cuando se creó la Corporación Nacional de Insumos
para la Salud (Consalud).  Esa
institución se haría para combatir nudos críticos en el proceso de licitación,
adquisición, transporte y distribución de medicamentos.

Consalud tendría objetivos precisos: asegurar compra, venta,
importación, exportación, almacenamiento y distribución de medicamentos en la
red pública nacional y privada. La empresa tendría tres almacenes robotizados y
otros dos hechos a través del convenio China – Venezuela. Las sedes estarían en
Aragua, Anzoátegui, Barinas, Lara y Miranda, detalla la memoria y cuenta del
ministerio.

Durante 2014 Consalud contó con presupuestos asignados de
cuatro millones 408 mil 736 bolívares. También hubo asignación en divisas: 699
millones 727 mil 736 dólares. Con ese dinero se habrían importado 636 millones
150 mil 530 unidades de medicamentos, una meta superada en 186%, pese a que
solo se ejecutó el 78% del monto asignado.

A pesar de ser una institución del Estado y tener
facilidades aduaneras y de permisología, Consalud tuvo dificultades para lograr
el objetivo. Las causas quedan explícitas en el documento oficial. La
tramitación de pagos en divisas por parte del Banco Central de Venezuela a
proveedores requería la aprobación de un punto de cuenta en común, entre el
ministerio y el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex). “Dichos mecanismos
en muchos casos requiere una gran coordinación para convocar a todos los
involucrados”.

Los créditos adicionales que pidió Consalud para comprar
vehículos y hacer los traslados desde los almacenes fueron negados. Las
direcciones estadales del ministerio tuvieron que ir hasta los centros de
almacenamiento a buscar las medicinas.

2015 no daba vestigios de acabar con la importación. En las
líneas de acción la empresa se propuso seguir con la adquisición de productos
terminados. Especifica la compra internacional de material, con una inversión
inicial de 298 millones 796 mil 276 bolívares.




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