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El Dalai Lama en ocasiones tiene “la sensación de que no hay esperanza”. (Foto Archivo)

EFE

El Dalai Lama, el líder espiritual del Tíbet, intervino este sábado en la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz en Roma para expresar su esperanza de “un mundo sin violencia” y para alertar de los riesgos y consecuencias de la tecnología.

Este evento, que congrega hasta mañana en la capital italiana a doce Premios Nobel de la Paz y doce organizaciones que trabajan para lograr “un mundo sin violencia”, ha transcurrido en homenaje al expresidente sudafricano Nelson Mandela, fallecido el pasado año.

Durante su intervención, el Dalai Lama defendió que “hay mucha razones para ser optimista” y alcanzar un mundo en paz porque, a su juicio, “la humanidad ha madurado mediante experiencias difíciles” sufridas en el pasado.

Dijo que en ocasiones tiene “la sensación de que no hay esperanza” para lograr esta mejor humanidad pero recomendó “conservar el entusiasmo y el optimismo a pesar de las dificultades” del día a día.

En este sentido instó a la humanidad a aprender del pasado, de los errores o experiencias negativas, mediante el empleo de una “perspectiva amplia” que él mismo dijo aplicar y que consiste en no mirar la realidad “desde un único ángulo”.

Para lograr la consecución de un deseado mundo sin violencia, pidió, además, llevar una vida basada en “la honestidad, la verdad y la amistad”.

“La amistad no puede ser comprada ni con el dinero ni producida por las máquinas”, sentenció el líder religioso, quien añadió que se construye con “sinceridad, afecto y confianza” y que es lo que él mismo entiende por “felicidad y paz”.

En medio de un mundo cada vez más globalizado y desarrollado tecnológicamente, el Dalai Lama, premio Nobel de la Paz de 1989 clamó contra la tecnología que “puede convertirnos en esclavos”.

Esa fue su reacción ante la pregunta de una mujer del público, a la que invitó a subir al escenario junto a él.

A ella le explicó que “si todo está mecanizado, no tenemos la capacidad de ver más allá”.

Dijo que la tecnología debe ser “bien utilizada” porque “a veces parece que nos convertimos” en sus esclavo, así como “del dinero”.

Abogó por la “meditación analítica” como el modo de llegar al “conocimiento verdadero”, un logro que “no se alcanza a través de la tecnología ni de la inteligencia artificial” ya que esta, por muy desarrollada que esté, “es imposible que sea mejor que la mente humana”.

“La mente humana siempre será mejor y más inteligente” que las máquinas y robots, continuó, “no importa lo sofisticados que sean”.

No obstante, su crítica no fue dirigida a la tecnología en general ya que existen avances que pueden favorecer el desarrollo de esa “humanidad mejorada”.

En este sentido opinó que “sería perfecto poder llevar la compasión a las mentes” a través de las posibilidades que brinda la ciencia, que “deberían estar bajo control de los humanos”.

Tras intervenir durante toda la mañana en estas sesiones, el Dalai Lama mantuvo un encuentro con estudiantes y tibetanos procedentes de diversos países del mundo y que le recibieron con una sonora ovación, acompañada por pancartas y carteles de bienvenida.

A estos últimos les agradeció “haber mantenido la nacionalidad” tibetana a pesar de residir en otros países.

Ensalzó la “actitud buena” que, según apuntó, caracteriza a los tibetanos y les animó a continuar como “personas buenas y gentiles” basadas en “los valores de integridad”.

También pidió preservar la lengua tibetana, en la que se pronunció en su discurso, como “modo de mantener el conocimiento” de un pueblo de “buen corazón”.

“No utilicéis un aspecto exterior que realmente está vacío en el interior”, aconsejó el líder religioso, quien explicó que vestir los trajes tradicionales pero no seguir la espiritualidad “destruye la propia felicidad”.

El Dalai Lama se mostró crítico con “algunos hábitos tradicionales” de las familias tibetanas y en concreto se refirió a casos en los que “dos o tres hermanos se casan con la misma mujer” algo que consideró que “no es bueno”.

“En el Tíbet somos pocos, seis millones (de personas). Hemos perdido cuatro millones de personas en los últimos años. Se debe a que muchos son jóvenes, a cuestiones de salud pero también a que hay mujeres con varios maridos”, unas “actitudes viejas” que, dijo, “es tiempo de cambiar”.




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