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Francesco Santoro

Cuantas personas me han manifestado que envidian a los pintores y aún más a los escritores  capaces de dar forma por escrito en un libro, o pintando en un lienzo, a pensamientos, eventos, momentos de vida.

Y es cierto: Si yo quisiera continuar este escrito en Inglés, incluso sabiendo todos los conceptos que intento expresar, quedaría con la pluma en la mano, aquellas pocas letras que conozco no me servirían para nada. Y sin embargo, entre la gente extranjera, ignorando yo su idioma, ¿Qué discurso podría tener? Entonces, si no se conocen del todo los medios técnicos para expresar aquello que queremos, nunca podremos comunicar a plenitud ese sentimiento del arte que a veces nos presiona internamente.

Así que, si no se sabe cómo pintar, cualquier intento será, si, un testimonio de aquella urgencia íntima que se llama arte, pero no será nunca una exposición completa.
El saber cómo proceder de acuerdo a la circunstancia, evita interrupciones al hilo del discurso, el pintor podrá mostrar totalmente a sí mismo, sin que, en último análisis, se pueda inculpar lo limitado del medio que restringe sus propias expresiones.

Puedo construir pincelada sobre pincelada una obra pictórica transmitiendo claramente una imagen perceptiva de algo que he creado, de una verdad personal realizada a través de un proceso que denominamos propio de la pintura.

La ley de la visión expone teóricamente con carácter científico lo que percibimos de la realidad, pero no todo lo que la visión ofrece viene revelado a nivel de la conciencia, a la cual casi siempre se le escapa la parte más minúscula,  aunque la visión lo contiene.

Para poder concientizar esta parte imperceptible, se debe recorrer a aquellos mecanismos científicos que me permiten entrar en el microcosmo, a través por ejemplo de un lente de máximo aumento. Y ya aquí podemos tener una primera experiencia creativa extraordinaria, aún siendo  de carácter científico, no niega el concepto de estética.

Un paso siguiente a esto, me lo permite el uso del microscopio, a través del cual descubro que el arte del siglo veinte ha crecido paso a paso con la búsqueda científica unicelular, sin perder naturalmente la identidad propia, al contrario, moviéndose y relacionándose con ésta, ha desarrollado formas y dimensiones antropológicas existentes dentro del sistema vital. Las formas o imágenes obtenidas de ésta búsqueda pueden preceder la pintura en el sentido de idea-proyecto, que sugiere, estimula, llama a describir el espíritu del creador (artista) el cual recoge las formas, las elabora, las llena de sentido a través de la materia coloreada.
Sería esta, quizá, una posición para investigar la realidad actual a través de su parte más pequeña, y concretizar un nuevo lenguaje para una nueva interpretación de nuestro ser que de otra manera ya no revela mas aquellas verdades variables y cambiantes de nuestro pensamiento.

El principio que exponemos hace surgir la pregunta: ¿Pero el artista también se ocupa de microscopia, de historia, de paleontología? Podemos responder: Si, únicamente a efectos de comparación por la movilidad del espíritu, nunca para controlar científicamente su fidelidad a la naturaleza, solo en el sentido de la libertad que exige su derecho a ser cambiante al igual que en la gran naturaleza.
A menudo el color y las formas resultantes de la aleatoriedad sugerida por la visión microscópica, se  asocian a las formas que realiza el cerebro del artista. Numerosos puntos en común nos hacen pensar que existe una correlación entre estos dos mundos.

Trataré de desarrollar aquí un paralelismo que se limite a esta relación entre arte, ciencia y naturaleza.
Las obras de arte contemporánea y los documentos científicos con carácter figurativo parecen surgir, a primera vista, de dos mundos diferentes. Es raro, de hecho, que artistas y científicos tengan entre ellos puntos en común, y aún más raro es que un observador neutral tenga la idea de sumergirse simultáneamente en los secretos de  unos y de los otros.

Como hemos dicho, sea que consideremos primero una y después la otra, es decir ciencia y después arte y viceversa, arte y después ciencia, resulta que los colores, las formas derivadas del cerebro y de la mano del artista están en simetría con las estructuras naturales orgánicas e inorgánicas.Numerosas características en común, pero también diferencias significativas, se presentan entre estos dos mundos. La primera reacción del científico es aquella de dar una explicación a su propio interlocutor, los esfuerzos intelectuales y los procedimientos técnicos que están a la base de los documentos presentados como fieles imágenes de la naturaleza. La descomposición progresiva de las materias muertas y vivas en elementos cada vez más pequeños, constituye un medio de investigación del cual la ciencia descriptiva se sirve desde hace siglos. Hasta el siglo XVI, las observaciones se hacían a simple vista, el desarrollo del microcosmo (microscopio) a partir del siglo XVI marcó un progreso decisivo. El desarrollo de un ojo mecánico por lo tanto, ha permitido enriquecer nuestro conocimiento con respecto a las micro estructuras, desde lo infinitamente pequeño, trayendo un verdadero renacer de la visión de las estructuras. Se puede decir que más profundamente penetremos en las formas del microcosmo, más simples estas formas se convierten.

El carácter “primitivo” del objeto se pierde progresivamente en la medida que nuevas unidades constitutivas pasan a un primer plano. Puntos de vista que deben ser tomados en consideración si se quiere responder con pleno conocimiento  de causa a la pregunta que nos estamos haciendo; estos puntos de vista pueden jugar un papel importante en ciertas similitudes entre las obras de arte y los documentos científicos: Sería equivocado pensar que hay influencia directa entre las dos partes, en cambio sí, podemos afirmar que hay analogía entre ellas. Como el artista no piensa buscar inspiración en el microscopio del científico (pero si, en la imagen como resultado referente al pensamiento), así el científico no piensa modificar el objeto de sus análisis por razones estéticas.

El origen de estos evidentes parentescos de forma parece residir mas bien en el paralelismo intelectual que hoy se manifiesta entre la ciencia y el arte, arrastrando el uno y el otro con una violencia a menudo inquietante, hacia  una manera de pensar estrictamente analítica.

Este estado de ánimo se encuentra en el resto de todas las disciplinas de la investigación moderna y es a esto que se debe, en particular, la tendencia irresistible que caracteriza nuestra época. El movimiento que anima nuestra investigación o pensamiento analítico, deja todavía una necesidad urgente de conducir al mundo (dimensión real y percibida por nuestro ojo) tangible, prácticamente las cosas que nos rodean y se ofrecen a simple vista, hacia un inevitable proceso de disolución, de reducción mínima, hasta llegar al microcosmo.

Proceso mediante el cual podemos releer las formas que sin embargo existen y que nosotros difícilmente percibimos con nuestros sentidos (visión), sino a través de los medios apropiados; aunque esta manera de proceder resultará un día en una mejor comprensión del todo.

Cierto es que podemos establecer un proceso analítico entre el potencial natural y la evolución del pensamiento artístico contemporáneo. La abstracción, por ejemplo, uno de los más importantes medios de expresión del arte, busca igualmente los principios esenciales de las cosas. Nunca los esfuerzos encaminados a la simplificación de las formas, al empleo de colores puros y con frecuencia del espectro solar, a la estilización y a la estandarización, habían alcanzado un grado de intensidad comparable a aquello que nos ofrece hoy el arte moderno. La tendencia analítica entonces se evidencia de inmediato.

Es suficiente observar los análisis efectuados en este sentido por Kretscher, y sobre todo de su alumno Winkler sobre una base médico psicológica. Winkler no duda en poner una al lado de la otra las tendencias analíticas de la pintura “antinaturalista” y sus fulgurantes procesos de la física del siglo XX, que por medio de los rayos X, la radioactividad, la desintegración del átomo, y la mecánica cuántica, ahora alcanza el dominio de la filosofía y de la metafísica. Se invalida y se desarma todo sin saber las transformaciones sucesivas, hasta alcanzar el límite extremo en el cual cada análisis resulta imposible.

El proceso analítico se ilustra mediante algunos ejemplos sorprendentes. El neo impresionismo por ejemplo, descompone la luz natural en siete colores del espectro, mientras la desintegración de las formas encuentra su expresión en el cubismo; la descomposición del movimiento es el futurismo, mientras el surrealismo ahonda en el psicoanálisis: sin aventurarse demasiado en el terreno de estas disertaciones artísticas, nadie puede negar que los estudios de este tipo contribuyen a fijar los límites de la libertad del cual en cambio gozan los artistas que se encaminan al naturalismo. Al lado de los pintores que trabajan sin reglas, impulsados por una especie de descarga psicomotriz, otros deben obedecer a los imperativos de una exactitud casi matemática, manteniéndose en el ámbito de las líneas puras y de las figuras geométricas.

El tanteo experimental de los artistas, demuestra que ellos se dejaron dirigir una vez liberados de la esclavitud de las formas y de los colores del ambiente, de los impulsos surgidos de la profundidad del alma humana. Es de este reino casi desconocido que estalla la chispa de la inspiración. Esta hace brotar de sus manos un universo de formas y de colores reclamados por su poder de expresión elemental, su tranquila armonía, sus contrastes violentos o el juego movido de sus sombras, las imágenes que se ofrecen a los científicos mientras su mirada atraviesa la materia.

Todas estas similitudes no nos hacen olvidar, sin embargo, que una diferencia fundamental separa las dos formas de expresión: La obra de arte concretiza lo más llamativo de los sentimientos, el documento científico responde a las necesidades de información más objetivas. Y por lo tanto no es solo por casualidad que pueden ser descubiertos paralelismos entre la obra de arte y el documento científico, y que la exploración de los más sutiles elementos  en la materia coincidan en el tiempo, con el abandono de las formas tradicionales por el artista.

La ciencia y el arte siempre se han desarrollado lado a lado y sus aspiraciones como sus esfuerzos se han orientado hacia objetivos que responden a las mas vivas preocupaciones espirituales de cada época.




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