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Los anaqueles lucen casi vacíos. (Foto Eduardo Valencia)

Dayrí Blanco

A Lorena Ojeda le avisó una vecina que en un supermercado de la avenida Bolívar había llegado champú y acondicionador. Entre el tráfico típico de la ciudad, tardó una hora en llegar. Mientras caminaba al área de higiene personal vio largas colas para cancelar. También pudo observar en los carritos de compra que cada cliente llevaba dos unidades de los productos que ella tenía más de tres meses sin comprar. Pero llegó tarde. En menos de dos horas se vendió todo. La demanda superó la oferta, porque durante el último año ha disminuido en un 50% los despachos de los proveedores.

Una peregrinación en diferentes establecimientos deben hacer los consumidores en busca de productos de higiene personal. Algunos dedican días enteros a esta labor. Ese es el caso de Patricia Segura, quien admitió que, tras haber recorrido negocios grandes y pequeños, compró champú a sobreprecio a un revendedor que se instala en una de las calles de la Candelaria.

Durante las últimas cuatro semanas, los artículos pertenecientes a este rubro han sido despachados únicamente a cadenas de supermercados. Minoristas y mayoristas han quedado excluidos. Esto ha provocado que los llamados bachaqueros aumenten su presencia en los comercios donde una o dos veces a la semana llega la mercancía, y se ponen a la venta con medidas especiales de seguridad.

La variedad en estos productos ya no existe. De más de 100 marcas y presentaciones diferentes de desodorantes que se exhibían hace un año, ahora escasamente aparecen 10 de forma intermitente.

Decepcionada por no poder comprar lo que necesitaba. Lorena no se fue con las manos vacías. Aprovechó que estaban vendiendo crema dental y agarró los dos que le permitían pagar, y llamó a su hermana para decirle que le llevaría ocho compotas a su sobrina de dos años. “No me dejan comprar más y vine sola”, le expresó a quien del otro lado del teléfono le insistía por más compotas.

Mientras ella hacía la cola para cancelar, Lorenza Pérez comentaba con otros clientes que en su casa no hay jabón de baño, detergente, ni desinfectante. A su lista Hortensia Delgado agregó que tiene dos meses sin conseguir pañales para su hijo y ha tenido que pedirle a familiares que viven en otros estados que le envíen los paquetes que encuentren. Julio García, un poco más adelante en la cola, soltó una risa cargada de sarcasmo al decir que el país se volvió una comedia, y volteó a ver el kilo de café en grano que compró sin saber donde iba a molerlo.

El drama se vive a diario en los supermercados y demás establecimientos del país que son visitados por cientos de personas como Lorena, que después de cancelar su compra se dedicaría a seguir buscando champú y acondicionador en otros comercios cercanos.




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