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Consumidores compran carne importada a 60 bolívares el kilo. (Foto Clemente Espinoza)

Es usual ver cola de consumidores en las puertas de los supermercados. La razón suele ser siempre la misma: la aparición de algún producto de la cesta básica que tenía semanas marcado por la escasez. En oportunidades no da tiempo de exhibirlos en los anaqueles, personal del establecimiento se encarga de repartir la cantidad regulada por persona y en menos de dos horas se termina la mercancía. Los despachos de los proveedores no son los mismos, han disminuido en un 50% como consecuencia de las fallas en la producción por retardo de asignación de divisas para la compra de materia prima.

El aceite vegetal es el producto con más escasez en las últimas semanas. Desde hace un mes las fábricas no envían a los comercios los pedidos que realizan por no tener dólares para la adquisición de palma aceitera, ingrediente fundamental en la manufactura de este rubro.

Desde mayo la margarina es despachada a los supermercados una vez al mes. Antes les llegaba un día a la semana. Durante julio las colas en estos establecimientos se han formado por la llegada de leche en polvo, que está siendo despachada con regularidad dos o tres veces cada semana, al igual que los productos de higiene personal.

Los pedidos que llegan a los supermercados no alcanzan para cubrir la alta demanda, tomando en cuenta que más de la mitad de los consumidores pertenece a grupos de revendedores que en ocasiones se enfrentan a quienes compran por necesidad real de abastecimiento. Esto ha provocado que los comercios hayan incrementado el número de personal de seguridad, y que llamen a efectivos de PoliCarabobo y de la Guardia Nacional cada vez que ponen a la venta algún producto que aparece de forma intermitente.

Carne y pollo de Brasil

Los fines de semana, que antes eran días de descanso y esparcimiento, son usados por las familias para hacer las visitas a los supermercados. “En un sitio consigo leche, en otro harina y aquí carne y pollo”, relató Mónica Zambrano mientras metía en su carrito de compras los cuatro paquetes de carne y tres pollos que le permitían pagar a precio regulado de 60 y 40 bolívares el kilo.

La procedencia de estos productos estaba claramente identificada. Era mercancía importada de Brasil. Algunos consumidores le restaban importancia a ese dato geográfico, pero otros lo cuestionaban. “Esa carne no me gusta, por eso no la compro. Prefiero pagar más en una carnicería para comer algo nacional y que no viene en barco con más de dos meses congelado”, expresó Natalia Rodríguez. (DB)




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