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(Foto Archivo)

AFP

La sociedad estadounidense se ha acostumbrado a escuchar que la policía frustró un plan para hacer explotar una bomba en el Capitolio, atentar contra un avión o agredir al presidente, pero ¿hasta qué punto son ciertos estos complots?

El documental “T(ERROR)”, presentado esta semana durante el festival de cine independiente Sundance, encuentra sorprendentes respuestas a esta pregunta al sumergirse en una operación verídica del FBI para desbaratar una trama terrorista.

“Las pruebas demuestran que los informantes no van simplemente a las congregaciones a controlar y recoger pruebas sobre terrorismo”, cuenta David Sutcliffe, codirector del film, durante una entrevista con la AFP en Park City (Utah, centro-oeste), donde se celebra el festival.

“Ellos mismos son los que incentivan las actividades criminales”, asegura su compañera de dirección, Lyric Cabral.

El documental cuenta la verdadera historia de Saeed Torres, más conocido como Shariff, un informante de 63 años del FBI que se encarga de vigilar a Jalifa al-Akili, un musulmán recién convertido en Pittsburgh (noreste).

El FBI quiere que el informante evalúe cuáles son las posibilidades de que Akili viaje al extranjero para participar en un campo de entrenamiento de terroristas.

Shariff, también musulmán, se hace su amigo en una mezquita, al tiempo que se deja grabar para el documental a espaldas del FBI.

“Era un hombre dejado a su suerte”, dice Sutcliffe sobre el informante, quien durante dos décadas trabajó para el FBI con un buen salario pero cuya vida dio un vuelco en 2005 cuando su identidad quedó descubierta.

“Estaba buscando otro camino y pensó que (este documental) podía ser una buena oportunidad”, agrega el codirector.

Crear debate

Shariff mantuvo el contacto con su hombre a través de la cuenta de Facebook que el FBI le abrió -aunque afirma que no le enseñó a usarla-.

Akili fue finalmente detenido, pero la operación dejó al descubierto por segunda vez su identidad.

El número de informantes del FBI pasó de 1.500 antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001 a 15.000 en 2008, apunta Sutcliffe. “Puede que esta cifra haya aumentado desde entonces”, asegura.

Hace dos semanas, las autoridades arrestaron a un hombre que presuntamente quería atacar el Congreso estadounidense en nombre del grupo Estado Islámico (EI), según informaron el Departamento de Justicia y el FBI.

El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, afirmó que el complot se deshizo gracias al controvertido programa de vigilancia del gobierno estadounidense.

Pero los directores de “T(ERROR)” no están muy convencidos de la veracidad de esta versión.

“Hay algunos indicios que nos hacen pensar que el informante tenía un rol similar al del caso de Akili”, subraya Sutcliffe.

“La explicación del FBI es que realmente se necesita un criminal para atrapar a otro criminal”, dice de su lado Cabral, quien recuerda que la mayor parte de las pruebas de estos casos no suelen publicarse porque el asunto no llega a juicio.

“Muchas veces el público no tiene la posibilidad de escuchar lo que el informante tiene que decir”, cuenta Cabral. “El gobierno estadounidense nunca escuchará las cintas (con su relato) a menos que haya un juicio”.

Cabral confía en que su documental, en liza en la competición oficial del festival que termina el domingo, provoque un debate en la sociedad.

“Esperamos poder estimular el diálogo del público sobre el uso de informantes por parte del FBI y dar luz a los estadounidenses sobre las estrategias y métodos que usa el FBI para lograr estas condenas”, sentencia.




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