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Madrid, 2 jun (EFE).- Poco queda de artificio, si alguna vez hubo algo, en la
forma de afrontar la música del hombre apodado “El impostor”.
“No estoy en el negocio de la música, estoy en la música. De otro modo,
seguiría las reglas del sistema para hacer mucho dinero”, asegura en una
entrevista telefónica con Efe.

Elvis Costello llega esta sábado
a España con un show dúctil en el que se presenta a solas ante el público para
contar su historia con la guitarra, el piano y más de 40 años de canciones, un
compromiso con la música que, más que una profesión, considera una vocación.
El intérprete de Oliver’s Army
insiste en que él hace música fundamentalmente “por diversión”, no
por el dinero. “Pasas mucho tiempo lejos de quienes quieres -está casado
con Diana Krall y son padres de gemelos-. Si no lo disfrutara cada noche, me
sentiría muy solo”, añade.

Este ideario quedó patente el día
que alzó la voz para denunciar el precio cercano a los 300 euros (unos 334
dólares) con el que salió al mercado una versión de lujo de su disco “The
Return Of The Spectacular Spinning Songbook” y recomendó no comprarlo.

“Era un precio absurdo y
explica por qué el negocio de la venta de discos se ha vuelto tan complejo, por
tantas malas decisiones. Yo solo estoy haciendo música, no controlo el precio,
aunque me gustaría, y por eso lo digo en alto, porque mi nombre se asocia a ese
tipo de prácticas”, explica.

A Declan Patrick MacManus
(Londres, 1954), como se llama realmente este legendario intérprete,
compositor, productor y miembro del Rock & Roll Hall of Fame, lo avala una
larga y sólida trayectoria iniciada en los años 70 junto a su primera banda,
The Attractions, y con discos tan celebrados como “My Aim Is True”
(1977), “This Year’s Model” (1978) y “Armed Forces” (1979).

Costello, que ya metido en el
siglo XXI se estrenó junto a una nueva banda, The Imposters, se sabe un
“afortunado” que ha podido llevar “un buen nivel de vida”,
frente a “la falta de oportunidades” que, en su opinión, padecen los
jóvenes músicos de este tiempo. “Se les pide que cedan todos sus derechos
por el privilegio de grabar”, denuncia.
Quizás por esa visión desencantada de esa parte de la industria, asegura con
total aplomo: “Ahora mismo ni tengo contrato discográfico ni lo
busco”.

“Estoy escribiendo muchas
canciones. De hecho, estoy escribiendo dos (álbumes) al mismo tiempo, muy
diferentes entre sí, según me demanda mi propio impulso creativo”,
anuncia, aunque aparentemente sin un propósito directo de que vean la luz más
allá de los escenarios, al menos de momento.

Desde la publicación de
“National Ransom” (2010), su último disco de estudio, su actividad
profesional se circunscribe a la música en vivo, por ejemplo con aquella
célebre gira del “espectacular cancionero giratorio”, en el que una
ruleta con temas y rarezas de su amplio repertorio permitía escoger al azar las
canciones de cada concierto.
No hay rueda de la fortuna ni interrupciones en su actual show, que, según sus
propias palabras, “funciona más como una historia, con capítulos en forma
de canciones que pudieron escribirse en años muy diferentes, uno en 1977 y el
siguiente en 2007, pero unidas por una conexión emocional” evidente para
él, pero en muchos casos nunca compartida con el público.

En lo que sí se parecen su actual
gira y la citada es en que “no hay una única versión” de la misma, de
ahí su nombre, “Detour” o, como él resume, “espere lo
inesperado”.

“Actuar solo es una
experiencia muy diferente, pero más que como un hándicap, yo prefiero ver la
inmensa libertad creativa que aporta, por ejemplo al elegir las canciones en el
momento”, afirma el músico.

Se trata, añade, de un
“juego de dinámicas” que depende cada noche de su humor y del que
muestre el público, con temas que son reconstruidos, mientras salpica las
interpretaciones con recuerdos y anécdotas ante una pantalla de televisión
antigua que va mostrando imágenes de su infancia, de su familia y de sus
influencias.

“Cualquiera que me haya
visto sobre el escenario sabrá que puedo interpretar con un susurro o realizar
una actuación de rock and roll absolutamente cacofónica y llena de
distorsión”, precisa Costello, quien, a su paso por Madrid, dedicará un
tema a la memoria de su amigo Allen Toussaint, en la misma ciudad que lo vio
actuar por última vez el pasado mes de noviembre.




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