(Foto ZetaTijuana.com)

Luis Castillo || [email protected]

Hacer periodismo en Zeta es un acto de valentía. El semanario mexicano incomoda a las autoridades y al crimen organizado. “Esto es periodismo libre, crítico, contestatario, antigobierno y antioficialista”, resumió Adela Navarro, directora. Su línea editorial le ha costado la vida a dos periodistas, han sufrido atentados y recibido amenazas.

Ese periodismo cerca de la sociedad y lejos del gobierno es lo que ha mantenido a Zeta por 34 años, sostuvo Navarro. “Con esta línea del semanario no es fácil venir a trabajar a este medio”.

La ciudad de Tijuana, donde está la sede de Zeta, es la más occidental de América Latina. Tiene una población de 1,5 millones personas, según el último censo oficial.

Su condición fronteriza con California, Estados Unidos, atrajo al narcotráfico, que tiene su mercado en el vecino país, y al crimen organizado. El mismo que en abril de 1988 acabó con la vida del co-director de Zeta, Héctor “el Gato” Félix Miranda, quien publicaba una columna sobre hechos de corrupción y tráfico de drogas. Fue interceptado mientras manejaba su vehículo. Recibió dos disparos.

Los asesinos trabajaban como guardias de seguridad en una pista de carreras propiedad de Jorge Hank Rhon, un influyente hombre de negocios que luego fue elegido alcalde de Tijuana.

Navarro y su equipo no se sienten protegidos por las autoridades de su país. Todas las alertas por amenazas han llegado del gobierno de Washington. “Los casos de periodistas no se resuelven. Señalamos mucho la impunidad que hay para la investigación sobre los carteles en México”. En 2014 se mantienen 20 comunicadores sociales desaparecidos.

En 1997 estuvo en terapia intensiva el fundador de Zeta, el experimentado periodista Jesús Blancornelas. Sobrevivió a cuatro disparos en un atentado el 27 de noviembre. Su guardaespaldas murió dentro del vehículo en el que se movilizaban.

Ochenta proyectiles impactaron en la camioneta de Blancornelas, quien días previos al ataque había hecho pública la vinculación de los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix a una serie de asesinatos, incluido el del cardenal Jesús Posadas Ocampo.

Uno de los sicarios murió en el atentado por una bala que rebotó hacia él. En las investigaciones se conoció que trabajaba para los hermanos Arellano Félix, líderes del cartel de Tijuana.

Navarro recuerda que Blancornelas tenía contactos en la Procuraduría General, en el Ejército, la DEA y el FBI. Le daban información sobre la corrupción en las corporaciones policíacas y la impunidad comprada por los mafiosos. El Centro de Investigación y Seguridad Nacional, el servicio secreto mexicano, le seguía los pasos y la Judicial del Estado le asignó escoltas, pero una semana antes del atentado se retiraron sin razón, cuestionó.

En 2004 hubo otra baja en Zeta. Asesinaron al periodista Fresco Javier Ortiz. Le cayeron a tiros frente a sus hijos. Las autoridades sospecharon de los hermanos Arellano Félix pero la investigación terminó sin conclusión.

Una Ventana

“No pensamos en el miedo. Tenemos un trabajo y nos dedicamos a hacerlo de forma profesional”, afirmó Navarro, catalogada por Forbes como una de las mujeres más poderosas de México.

Navarro, quien dirige Zeta desde el fallecimiento de Blancornelas en 2006, está convencida de que la estrategia de las autoridades no es la más idónea para atacar al narcotráfico. Cuándo se captura al líder del cartel, lo que sucede es que los posibles herederos hacen sus cartelitos porque no se ponen de acuerdo para elegir al nuevo líder. Resultado: Ahora hay más bandas organizadas porque no se ataca la parte financiera.

Zeta cuenta con unos 20 periodistas. Nació como una ventana donde la gente atemorizada por el crimen confiaba que podía entregar una información y sería publicada. Hoy el 70% de los reportajes es producto de la vinculación con el lector. “La sociedad es la única que dicta líneas”, afirmó Navarro ganadora de premios nacionales e internacional por su defensa a la libertad de prensa.

La relación del lector con el medio llegó a ser tan estrecha que la gente enviaba una denuncia por correo a las autoridades con copia a Zeta, aseguró la periodista.

Protección

En diferentes etapas de Zeta, el Gobierno ha facilitado escoltas a los periodistas, pero para Navarro su principal protección es el lector. El atentado de los hermanos Arellano Félix contra Blancornelas fue parte del inicio de su caída porque se metieron con un periodista que tenía mucho apoyo de la sociedad, que a la clase política le daba temor que lo fueron a matar, argumenta.

Los medios independientes y de investigación son muy importantes no solo para la democracia sino para la denuncia. “Eso nos ha metido en problemas porque nosotros publicamos las fotos de los narcotraficantes y de los delincuentes”, explicó la directora a un grupo de periodistas latinoamericanos que acudió a Zeta como parte de un taller de periodismo de investigación del Instituto de las Américas.

En Zeta tienen su estrategia de autodefensa. Cuando han sido alertados de que hay una amenaza de inmediato lo hacen público. “Y recibimos el apoyo de los lectores y organizaciones internacionales”, aseguró Navarro.

Trabas

Imprimir la edición completa de Zeta en California, Estados Unidos, es un alto costo económico, pero es una manera de garantizar su circulación.

En ciertos momentos hubo problemas para llevar el semanario a México. La esposa de Blancornelas lo buscaba de noche, escondida, y lo dejaba en la sede por partes. Allí se compaginaba de manera manual.

Las presiones vienen de todos los lados. El Gobierno recorta la publicidad y sus funcionarios evaden dar entrevistas. Han dictado leyes y reglamentos para no dar información. Pero siempre hay una salida. “Hemos hecho contactos dentro de las instituciones. Es un delito que nos den la información, pero encontramos la forma”.

Hubo un alcalde que decidió no anunciar en el semanario con el argumento de que “no paga para que le peguen”. La línea de Zeta es así. Se han perdido anunciantes, pero las publicaciones están fundamentas, afirmó Navarro.

Carteles de la droga y policías judiciales han comprado la edición completa en los quioscos para evitar que la gente se entere de las publicaciones.

La primera vez ocurrió con una investigación sobre cómo llegaban los narcotraficantes a Baja California vía la procuraduría del estado. Ese periódico lo compraron todo. A la siguiente semana se publicó la misma nota y se agregó que el gobierno había mandado a comprar todo el periódico.

“Hemos pagado con vidas el hacer este periódico”, lamenta Navarro, pero consciente de que hay una nueva generación de periodistas jóvenes que está comprometida con esta manera de hacer periodismo. No duda que pese a las adversidades y riesgos Zeta continuará la investigación de narcotráfico, crimen organizado, corrupción y política.




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