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 Sara Pacheco

Hace cinco meses Ana Suárez se cansó de esperar. Tras diversas denuncias ante los organismos sobre el estado en el cual debe vivir, no recibió ninguna respuesta. Decidió tomar alguna solución por su cuenta. Tiene tres años luchando con las cloacas que descienden desde su hogar a la calle Regino Peña. El olor nauseabundo y mosquitos asechando a los cinco niños que viven con ella, son solo pequeñeces comparados con la inundación que desata la llegada de la lluvia al sector donde reside, Bello Monte I, parroquia Rafael Urdaneta. 

Pagué 37 mil bolívares para que me destaparan la cloaca y sustituyeran la tubería. Pero no duró mucho, lamentó Suárez. “Pasé 15 días bien y ahora volvió el mismo problema. El agua negra es insoportable. Algunos vecinos me dicen cosas porque mi casa es de las pocas afectadas, pero otros entienden que no es mi culpa”. 

La vecina presume que el paso constante de vehículos pesados, como gandolas y autobuses, colapsaron el nuevo tubo colocado, porque además la capa que lo debería proteger no fue extendida debidamente. Para reparar el daño debe desembolsar otra suma significativa de dinero, del cual carece. “No tengo más para estar pagando”. Aseguró que la red cloacal de la cuadra está totalmente obstruida. 

El flujo constante de agua servida ha originado huecos en el cruce con la avenida Carlos Núñez Michelena. Los vecinos cercanos se han quejado ante la Alcaldía de Valencia, Gobernación de Carabobo y consejo comunal, pues es insostenible. Ariana Parejo comentó que la responsabilidad no es solo del agua. “Hicieron cambio de tubería, lo cual duró mucho tiempo para que lo arreglaran. Cuando al fin lo hicieron no había pasado ni un año cuando el pavimento se empezó a hundir”. 

Desde su hogar, Parejo y su madre han visto cómo vehículos livianos y motocicletas han perdido partes que van desde cauchos hasta tren delantero. Otro de los inconvenientes denunciado es que lo dañado de la vía atrae a personas ajenas a la comunidad, quienes piden dinero a los conductores a cambio de supuestos arreglos. Pero los vecinos solo han colocado escombros como relleno, que el agua se lleva posteriormente. 

El fuerte olor y el polvo que se levanta también la afecta. “La muchacha de al lado tiene a los niños enfermos por el polvillo. Mi bebé también sufre por eso, mi mamá está recién operada, o sea tenemos que vivir encerrados”, expresó Ariana. 

La solución ha tardado en llegar a pesar que los afectados se han movido a diferentes instancias. “Hemos recogido firmas, cerrado la calle, hablado con varios medios pero la calle sigue igual”. 




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