Alfredo Fermín

Este domingo de Ramos, la Iglesia Católica inicia la conmemoración de la Semana Santa que concluye el Sábado Santo, con la pascua de resurrección la cual es la celebración más espléndida del año litúrgico.

Para los católicos, la resurrección del Señor abre las puertas a la vida eterna puesto que su triunfo sobre la muerte es la victoria definitiva sobre el pecado.

En los últimos 40 días, desde el Miércoles de Ceniza es conmemorada la Cuaresma, tiempo de penitencia y oración que prepara al cristiano para celebrar, con la más grande alegría, el misterio de la Resurrección. Este tiempo litúrgico tiene dos partes. Una que incluye el Domingo de Ramos, lunes, martes y miércoles santos. La segunda parte comienza el Jueves Santo, durante la misa de la Ultima Cena que da paso al Triduo Pascual para la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Para la Iglesia la muerte de Cristo nos invita a morir también, no físicamente, sino a luchar por alejar de nuestra alma la sensualidad, el egoísmo, la soberbia, la avaricia… la muerte del pecado para estar debidamente dispuestos a la vida de la gracia.

En cambio, resucitar en Cristo es volver de las tinieblas del pecado para vivir en la gracia divina. Ahí está el sacramento de la penitencia, el camino para revivir y reconciliarnos con Dios. Es la dignidad de hijos de Dios que Cristo alcanzó con la Resurrección. De tal manera que la pasión, muerte y resurrección de Cristo nos llevará a un sentido nuevo, profundo y trascendente para gozar de la presencia del Señor.

La Semana Santa no es un tiempo de dolor sino de esperanza en la alegría que proporcionará el paso de la oscuridad “a ver a un Jesucristo deslumbrante, Rey de Reyes, el Domingo de Resurrección en el que se inicia el tiempo pascual. Jesús muere por nosotros, pero resucita para abrirnos las puertas del cielo”.

El Domingo de Ramos abre la Semana Santa con una parte festiva y otra dramática durante una misa solemne que debe su nombre a que el evangelio, según San Mateo, narra la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

En la Catedral de Valencia

Antes de la Misa de Pasión se celebra la bendición y la procesión de los ramos. En la Catedral de Valencia, en el despacho parroquial, se hará la entrega de las palmas que los feligreses llevarán en sus manos hasta la plaza Bolívar donde Monseñor Reinaldo Del Prette dará la bendición para iniciar una festiva procesión hacía el templo mientras los feligreses cantan: Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el cielo.

En este domingo se recuerda la majestad de Cristo que viene como príncipe de la paz montado sobre un burrito mientras la multitud extendía en el piso sus mantos y le recibe con flores como el hijo de Dios hecho hombre. Los judíos quedan desconcertados porque ellos esperaban a un príncipe terrenal envuelto en sedas y oropeles que sustituyera a los gobernantes del Imperio Romano. Pero el plan de Dios era distinto: salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado que venía del pecado original de Adán y Eva. El reino de Jesús estaba en una muerte de cruz de la cual resucitaría para la vida eterna como dicen los textos litúrgicos.

En la Catedral, Monseñor Del Prette, acompañado del párroco Pedro De Freitas y de otros sacerdotes presidirá la Misa de la Pasión y pronunciará la homilía. A las 5:00p.m una habrá misa, seguida de la procesión de Jesús en el Huerto alrededor de la plaza Bolívar. Esta es una tradición que, desde hace más de 150 años, auspicia la familia González Guinán.




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