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Gregorio Riera Espinoza || rieragregorio@gmail.com

Hasta los años 415 al 404 antes de Cristo tenemos que remontarnos para, al menos, intentar entender lo que ha ocurrido en Venezuela durante los últimos 17 años. Un diálogo magistralmente descrito por Platón ocurrió en Atenas entre Sócrates defensor de la filosofía de la verdad y los recientemente llegados a la ciudad de Atenas, Eutidemo y Dionisodoro. Estos dos personajes arribaron con respuestas a todo y conocimientos plenos sobre cualquier situación, basándose en interpretaciones falsas, adornadas y estériles, eran los maestros de la construcción de mentiras tras mentiras para ilusoriamente crear una verdad, siempre con el objetivo de disfrutar la discordia, el conflicto y la confrontación. Para nada importaba la verdad, sino solamente apoyar una idea y conclusión que les permitía disfrutar el éxito de la victoria de la fantasía… o sea exaltar la erística (escuela filosófica caracterizada por su inclinación al procedimiento dialéctico y a la controversia).

Hoy, entre nosotros tenemos a Eutidemo y Dionisodoro, más exaltados por la estruendosa derrota del glorioso 6D. Ya Sócrates los desvirtuó y ridiculizó al anteponerles la verdad a las falacias ilusorias de sus argumentos. Concluye el “Diálogo de Platón a Eutidemo”, con la desacreditación e impotencia de los farsantes. Hoy no ha sido Sócrates, sino el ciudadano venezolano, que rescatando su dignidad, encara las falsedades y mentiras repetitivas de nuestros Eutidemo Maduro y Dionisodoro Cabello, charlatanes en un torneo de engañosa fianza, en un aparente odio cuyo único fin ha sido la destrucción de todo y el enriquecimiento de una camarilla, descartando la búsqueda de la verdad que resuelva los problemas. Los ciudadanos hemos dirigido un mensaje tan certero como el de Sócrates. Volvamos al reconocimiento de la verdad, como herramienta para el sostenimiento de una sociedad decente que dignifique y enaltezca nuestro gentilicio.




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