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Cristhopher Borrero || @CristhopherB

Desde hace tres años la vida de Diego Rojo ha sido un carrusel, con solo 19 años vive una lucha constante para terminar sus estudios de biología en la Universidad de Massachusetts, Boston (UMass Boston). Aún debe unos 36 mil dólares a la institución, por dos semestres en mora, su avance académico está en juego, las presiones no cesan y el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex) no liquida sus divisas. 

Rojo es originario del estado Táchira, se graduó en 2012 y aplicó en Cencoex con un año de antelación para luego partir lleno de expectativas. La falta de respuestas oportunas lo obligó a iniciar clases en un país extranjeros sin tener garantía alguna de pago. “Llegué a Estados Unidos y empecé a estudiar pero aún no se me había aprobado lo correspondiente a montos de matrícula, manutención y seguro. A poco más de un mes de haber iniciado el período académico recibo la confirmación del primer pago, que cubriría totalmente la matrícula y seguro por un año, pero solo tres meses para manutención”, relató vía telefónica. 

Según información aportada por la organización Estudiantes Venezolanos en el Extranjero (EVE) 70% de los 18 mil ciudadanos venezolanos en el exterior dependen de la aprobación del Cencoex para poder convertir sus propios bienes a dólares o euros, y con ellos costear su formación universitaria. Unos 10 mil estudiantes permanecen en Estados Unidos. 

Los reveses no se hicieron esperar. Posteriormente volvió a aplicar para cursar su segundo año, pero el organismo de administración de divisas tardó ocho meses en responder que cubrirían su matrícula y el seguro pero para manutención solo le otorgaron $600. “Con eso no me alcanzaba ni para un mes de gastos”, recordó amargamente. 

Luego del retraso solo le fue posible efectuar una última aplicación, la cual fue rechaza por ser extemporánea. Rojo tuvo que consignar un recurso administrativo donde detalló que la solicitud se había emitido fuera de tiempo por las dilaciones propias del Cencoex. “Terminé ese semestre pero no lo he pagado aún. “Al parecer las leyes solo aplican para sancionar a estudiantes que solicitan divisas, pero no aplican para las instituciones que retrasan los procesos administrativos y no respetan los períodos de respuesta. Se supone que gozan de 15 días hábiles para dar contestación pero en este caso se han tomado más de ocho meses para ello”, observó. 

Actualmente el estudiante termina su segundo período pero no podrá iniciar el tercero. Para ello deberá saldar las deudas contraídas. Su proyecto personal es graduarse de médico, primero debe culminar biología para optar a los estudios de medicina según estipula el régimen de educación universitaria americano. 

Vida Americana

Rojo trabaja formalmente unas 20 horas semanales como supervisor de un centro de llamadas en el campus universitario, por hora recibe $9,75. Prácticamente su vida depende de las sumas y restas cotidianas. Actualmente vive en un apartamento de dos cuartos con otros tres inmigrantes más, allí paga $600 de renta  por un cuarto compartido. La factura eléctrica ronda los $25, $75 en transporte, cancela $15 solo en Internet y el presupuesto alimenticio oscila entre 160 y 200 dólares mensuales. 

Al ser un estudiante inmigrante no puede buscar alternativas laborales más lucrativas, por lo que ha tentado a la suerte al aceptar trabajos informales que podría comprometer su estatus migratorio. “Ha sido difícil. Semestralmente tomo los 17 créditos máximos permitidos, el equivalente a cinco clases. Pero he llegado a trabajar más de 40 horas a la semana en busca de mayor margen financiero”. También lamentó que el complicado escenario en el que vive haya mellado su récord académico.   

Luchar Y Vencer

Pese a las adversidades Rojo se aferra a la esperanza. Casi a diario sostiene conversaciones vía Facetime, Skype o WhatsApp con sus padres, en ellos encuentra fuerza y apoyo para sobrellevar la tormenta, reveló. “Mis padres me han impulsado para terminar mis estudios, pues en muchas ocasiones me he sentido agotado y ellos me han dado ánimos. Por supuesto que quieren que regrese, pero una vez termine mi carrera”. 

Recientemente una agencia de cobros de la universidad lo contactó para exigir la cancelación de 17 mil dólares en deudas académicas, cuestión que lo aterra, resaltó el joven. También destacó que todo venezolano debería tener derecho a escoger cómo y dónde estudiar, por lo que regresará para aportar al país una vez que sus estudios estén completos.  




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