Es la opción más probable de aterrizaje. (Foto EFE)

EFE

La inactividad se instaló hoy en la zona en la que se espera la anunciada como “inminente” liberación de los secuestrados por las FARC, donde persiste la presencia militar y no hay rastro de los mediadores encargados de recibir a los rehenes.

Quibdó, capital del departamento del Chocó (oeste), fluye con el trasiego de infinidad de periodistas que esperan en el aeropuerto la llegada de miembros del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) que podrían aparecer en cualquier momento.

Es la opción más probable de aterrizaje, pues la otra es una cercana base militar de acceso muy restringido y de la que a lo largo de todo el día han despegado y aterrizado aeronaves militares con destino desconocido, según pudo constatar Efe.

Fuentes presentes en la región explicaron a Efe que el único cambio perceptible en las últimas veinticuatro horas es que sobrevuelan menos helicópteros militares en la zona, muy cercana a donde fueron secuestrados el pasado domingo el general Rubén Darío Alzate, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego.

Las FARC indicaron ayer desde La Habana que tenían constancia de que el operativo militar en Quibdó persistía, y que mientras no se retiraran las tropas no se produciría la entrega, pues quieren tener la máxima garantía de seguridad para los guerrilleros que acompañarán a los secuestrados.

Pese a que los militares “no se meten selva adentro”, no hay indicios de que por el momento se haya producido un reagrupamiento, añadieron las mismas fuentes a Efe.

La espera se tensa conforme pasan las horas en el Chocó, puesto que ayer el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, anunció que el operativos de entrega “está en marcha”, y muchos esperaban hoy la retirada gradual de los efectivos militares desplazados, unos 500 soldados que tenían la orden de buscar a los retenidos “hasta que sea necesario”.

En el casco urbano de Quibdó pueden verse, a excepción de soldados, apenas un par de vehículos del CICR y la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), si bien su presencia es habitual en esta conflictiva zona de Colombia y, por tanto, no es indicio de una pronta liberación.

Tampoco existe información oficial sobre el terreno, por lo que el país espera en silencio a que se concrete una operación que, según medios colombianos, tendría su desenlace en algún momento del fin de semana.

Estas sospechas se fundamentan en que el CICR, que coordinará la entrega, no realiza operaciones de este tipo de noche, por lo que al bajar el sol definitivamente, sobre las 18.00 hora local (23.00 GMT), las esperanzas de recibir a los secuestrados se posponen un día más.

Que esta crisis se resuelva este fin de semana es lo deseado por las partes, pues implicaría que los diálogos de paz, suspendidos tras el secuestro del general, pudieran ser retomados la próxima semana en La Habana, sede de las negociaciones.

“Esperamos regresar pronto a La Habana”, manifestó hoy el jefe negociador del Gobierno colombiano, Humberto de la Calle, en un acto en Santa Marta (norte).

De la Calle añadió que este incidente, que calificó como una situación “supremamente compleja, inesperada, extraordinaria, para la que nadie estaba preparado” muestra “una vocación de permanecer en la mesa (de negociaciones)”.

El secuestro de Alzate y sus acompañantes ha supuesto un paréntesis en los diálogos, que este miércoles cumplieron dos años en los que se han conseguido los mayores avances nunca alcanzados para terminar con los cincuenta años que dura el conflicto armado.

Tras veinticuatro meses, las partes han alcanzado preacuerdos sobre propiedad de la tierra, participación política y drogas ilícitas, y en el momento de la suspensión transitaban por el cuarto apartado, referido al reconocimiento y reparación de las víctimas del conflicto.




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