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José Botello Wilson || josebotellowilson@hotmail.com

Todos llevamos el árbol de la vida en el alma, éste crece y madura hasta su total perfección, y nos brinda abundantes y vivificantes frutos de amor. Es el más grande don que posee la humanidad, ya que nunca deja de satisfacer todas las demandas del corazón. El principio divino del amor puede utilizarse para eliminar todos los pesares, las enfermedades e, incluso, las carencias que hostigan al ser humano.

Con la comprensión y el uso correcto de la influencia sutil e ilimitada del amor, el mundo puede curarse de sus heridas y el dulce manto de su compasión cubriría todas las discordias que provienen de la ignorancia y su secuela de errores. Con sus alas extendidas, el amor busca los puntos áridos del corazón humano y, con un toque mágico, redime y transforma.

El amor es eterno, ilimitado, inmutable; va más allá de cualquier visión y se adentra en la infinitud para concebir su fin. El amor siempre busca una entrada para penetrar en el alma y desbordarla. Si no se ve perturbada por la perversidad y el pensamiento disonante del hombre, la eterna e inmutable corriente de amor fluye sin cesar, llevándose por delante, hacia el gran mar universal del olvido, cualquier discordia que pudiera perturbar la paz del humano. El amor es fruto perfecto del espíritu; avanza vendando las heridas de la humanidad, acercando a las naciones hacia una mayor armonía y trayendo paz y prosperidad al mundo.

La humanidad debe cargarse de esa corriente de amor si quiere transformarse y transformar. Para esta transformación, se necesita valor y fortaleza, y así este sentimiento llenará los  corazones envolviéndolos en un aura impenetrable donde el temor y el miedo no tienen cabida. Amar es liberar y abrir el infinito depósito de tesoros del alma. Si amamos no podemos dejar de dar, y dar es obtener, para así cumplir los preceptos de la Ley Curativa del Amor. Al dar, ponemos en marcha la ley infalible de que cada uno recibe lo que se merece, pues la abundancia que das se te devuelve en cumplimiento de la Ley de Correspondencia.




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