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Sara Pacheco

Leer es libertad. Tomar
un libro entre manos es uno de los mayores actos de rebeldía. Es decirle sí al conocimiento, a los viajes,
al amor, a vivir por unas páginas,
perspectivas distintas u ocultas del
placer de la existencia.

Como decía Galeano “cuando los libros están de veras
vivos, respiran; y uno se los pone al oído y les siente la respiración y
sus palabras son contagiosas, peligrosamente, cariñosamente contagiosas”.

Para
nadie es un secreto que la situación económica ha puesto en jaque distintos
sectores. La industria literaria no escapa de ello. En una entrevista en un
medio de circulación nacional, Iván Diéguez,
presidente de la Cámara Venezolana del Libro, explicó que se necesitan entre 10
y 12 millones de dólares en importaciones para culminar este año.
El sector
requiere en total 27 millones anuales, estima que lo entregado no cubre ni el
0,08%. 

Esto
se traduce en complicaciones, desde vendedores hasta escritores. La producción
editorial en papel se ha dificultado. La
disminución radica en los altos costos, expresó Rosa María Tovar, presidenta
del comité organizador de la FILUC.
El presupuesto para una publicación es vigente solo 15
días.

De
acuerdo a Tovar en la Universidad
de Carabobo, el presupuesto en esta área se ha mantenido desde 2009,
cuando se presentaban 15 títulos en un año, ahora solo se presenta uno. 

Nuevos talentos

Para
los escritores nuevos se presenta un reto. El proceso debería ser sencillo.
Según una fuente ligada al Ministerio de Cultura, la imprenta regional se
encarga de todo. Se reciben dos copias del manuscrito con un currículo y la
copia del RIF, se envía al
Perro y La Rana para revisión, se manda a Caracas a un comité evaluador y por
último se seleccionan los detalles para mandarse a imprenta. Los problemas con el papel han retrasado
nuevos títulos.

Fedosy Santaella, contó
que hace 15 años las editoriales no tomaban en cuenta escritores nacionales.
“El autor que quiera hacer pizarra literaria tiene esa vía,
evidentemente implica que es un filtro. 

A pesar de la crisis editorial presente hay personas que hacen
el intento y están haciendo ruido,
aseguró Santaella. Lo
decía Ray Bardbury en Fahrenheit 451 “Sin
bibliotecas, ¿qué tenemos? Ni pasado, ni futuro”.




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