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Los científicos se centraron en la actividad cerebral. (Foto Archivo)

EFE

La relación entre tener gatos y padecer depresión, ver a Jesús en tostadas o acostarse tarde y ser manipulador son algunos de los insólitos experimentos con los que se atrevieron científicos de todo el mundo, galardonados esta semana con el divertido premio Ig Nobel en la Universidad de Harvard.

“Si una mujer va a una clínica psiquiátrica y tiene un gato, tiene un 50 por ciento de posibilidades de padecer depresión”, afirmó en declaraciones a Efe el profesor de la Universidad de Michigan, David A. Hanauer, que espera que su investigación permita saber si existe un microorganismo que pueda afectar a los gatos e influir en el comportamiento de sus dueños.

Hanauer y los otro nueve investigadores galardonados por la revista de humor científico “Annals of Improbable Research” (“Anales de la Investigación Improbable”) recibieron, como trofeo, un cartón de pizza firmado por tres premios Nobel.

“Queremos dar a conocer logros científicos inusuales o triviales que primero hagan reír y después hagan pensar”, explicó a Efe el director de la revista, Marc Abrahams, quien orquestó una ceremonia llena de sorpresas y risas.

“Estos premios son los únicos que no juzgan si algo es mejor o peor. Lo que importa es si es divertido”, subrayó Abraham, quien destacó que en el mundo de la Ciencia, y especialmente cuando se va a hacer un gran descubrimiento, siempre hay un “abismo” en el que el éxito no está asegurado y lo importante es crear.

Otra de las investigaciones que destacaron en esta vigésimo cuarta edición de los Ig Nobel fue la de un grupo de expertos chinos y canadienses de la Universidad de Toronto, que analizaron qué ocurre en el cerebro de personas que ven el rostro de Jesucristo en las tostadas, en un fenómeno que se conoce como pareidolia.

“Mostramos imágenes aleatorias a los participantes y les dijimos que el 50 por ciento de ellas tenían caras y que el otro 50 por ciento no tenía. Aunque en realidad ninguna tenía rostros”, explicó a Efe el profesor de la Universidad de Toronto, Kang Lee, quien destacó que el cien por cien de los participantes aseguró ver rostros en la superficie del pan.

Entonces, los científicos se centraron en la actividad cerebral de los participantes y descubrieron que la parte del cerebro -zona derecha de área facial fusiforme (FFA)- responsable de percibir los rostros estaba también activa cuando no había caras.




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