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Allí está un país que
piensa, que sueña, que busca una ruta segura que andar…

Poco a poco se aproxima el momento de actuar seria y
responsablemente en la configuración de un país distinto, más amable, más
vivible, y no tan solo por lograr el cambio de ideologías, caras o colores en
la dirección del Estado.

Se acerca el momento de prepararse para lo más difícil, ya
que tenemos a la vista un país muy dividido, desgarrado económica y
socialmente, asfixiado psicológicamente, y con inmensas perversiones
comunicacionales. Ha llegado el momento de mantener el optimismo sin dejarse
llevar por el triunfalismo ingenuo e infundado, pues la victoria definitiva se
logrará cuando saquemos a nuestro país de este marasmo, cuando nos reconciliemos
como Nación.

Sin embargo, resulta muy común escuchar a los “gurúes” de la
política que la gente no vota por programas políticos bien estructurados ni por
planes de gobierno inteligentemente diseñados y ni siquiera por estrategias
publicitarias bien planeadas, que la gente vota por simples simpatías,
antipatías, esperanzas, temores, intereses, miedos; que lo que realmente cuenta
para la gente es lo que ese candidato representa o significa en su imaginario
popular… como si la política consistiese tan sólo en lo estrictamente
electoral, obviando, dejando a un lado la participación política, que viene a
ser la virtud originaria de la democracia, pues requiere al menos de un mínimo
de participación para funcionar adecuadamente y evitar -lo que nos condujo a esto-
el atrofiante estancamiento, la indiferencia.

Recordemos que la palabra crisis deriva del griego Kritokós,
que significa ruptura, el acto o facultad de distinguir, elegir, decidir,
resolver. Por lo tanto, en el concepto de crisis está implícito el cambio, lo
que nos enfrenta al desafío de trabajar desde la diferencia. No es sinónimo de
catástrofe. Hay quienes dicen que una crisis es ese momento en que pasado y
futuro chocan en el presente.

Como la aurora, que todavía no es el nuevo día y tampoco la
noche que ya fue. Allí está un país que piensa, que sueña, que busca una ruta
segura que andar, por ahora, un país inmerso en la incertidumbre.

Sin embargo, estamos seguros que ya hay ideas y planes para
un eventual nuevo gobierno. Por un lado encontramos grupos de atentos
ciudadanos en sus redes cibernéticas, otros, fortaleciendo ese necesario tejido
social, en las pequeñas asociaciones, en los partidos políticos, en las
agrupaciones universitarias, todos acumulando las fuerzas imprescindibles para
producir los cambios positivos que todo el país anhela y clama.

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