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Heberlizeth González C.

En la Maternidad Modular María Ibarra en Tocuyito trabajan con las uñas. Funciona en 20%. Sus instalaciones están relativamente nuevas pero en decadencia. La embarazada que da a luz allí es por una única razón: suerte. 

Nilda González tiene 39 semanas de embarazo. Llegó con trabajo de parto a la Maternidad María Ibarra. Le tomaron la tensión y le hicieron el tacto. La recomendación del médico obstetra de guardia fue la misma de siempre: remitirla a la Maternidad del Sur. 

La barriga de Nilda estaba que estallaba. Con el caminar típico de una mujer a punto de dar a luz, tomó su bolso y con su esposo salió a pie para continuar con el vía crucis hasta dar con algún centro que la ingresara. Según dijo la mujer, el médico le informó que no contaban con un pediatra que asistiera el parto, en la única Maternidad que tiene el municipio Libertador. 

Los únicos partos que son atendidos son los expulsivos. Las cesáreas están excluidas dentro de los hábitos en la María Ibarra porque desde hace dos años el quirófano no funciona. No hay planta eléctrica y los médicos no se arriesgan a operar. 

La Maternidad tiene ocho años de fundada. Desde hace casi el mismo tiempo no tienen planta. En uno de los cuartos de hospitalización hay una filtración. En el otro, el aire no funciona como en la mayoría de las áreas. El retén tampoco tiene aire. Si un recién nacido es ingresado a esa unidad, puede contraer una bacteria y una enfermedad respiratoria. 

Al principio era perfecta. Como todo. Hasta que, seis meses después de inaugurada, se fue la luz durante una cesárea. Los doctores tuvieron que suturar a la paciente alumbrando con celulares y buscar una batería de carro (cuando aún se podía utilizar las baterías con otra finalidad) para instalarla al aparato que produce oxígeno.  Poco después dejó de funcionar. Hoy en día está tomado por moscas. 

Las consultas sí son garantizadas pero deben realizarse las ecografías en un sitio privado. En el lugar más económico está en tres mil bolívares. Los perinatales son más costosos. En la María Ibarra sí hay equipos para hacer ecos pero están inoperativos. Los médicos atienden a las mujeres en calor y a oscuras. Por las noches, el estacionamiento es “una boca de lobo”. Los vigilantes son tres perros. 

El personal médico exige al Ministerio de Salud que haga una auditoría para conocer a dónde va el dinero destinado para la Maternidad. A la Alcaldía de Libertador solicitaron ayuda en cuanto al mantenimiento del lugar, debido a que el terreno es de su propiedad. Piden a la directora Evelyn Pacheco, médico general, que canalice soluciones para la Maternidad. El Carabobeño intentó hacer contacto con la galeno pero fue infructuoso.

 




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