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Los niños quieren jugar con la nieve. (Foto Archivo/EFE)

EFE

Las cartas que Santa Claus recibió de miles de menores indocumentados que llegaron este año a Estados Unidos están repletas de peticiones, pero no tanto de juguetes sino de sueños de poder disfrutar de una blanca Navidad junto a su familia sin el miedo a ser deportados.

“No le pedí muchos regalos a ‘Santa’, sino una muñeca de (la película) “Frozen”, pero lo que sí quiero es quedarme con mi mamá, abuela y mi familia en este país. Aquí no tengo miedo, puedo ir a la escuela y disfrutar de mis hermanos”, contó a Efe Ligsdenis Ochoa, la primera menor centroamericana que llegó a Charlotte.

En la sala de su modesta casa en el norte de Charlotte, la principal ciudad de Carolina del Norte, adornada con un pequeño arbolito Navidad, la pequeña de 9 años espera con ansias la llegada de la Nochebuena junto a su madre, Jessica Ochoa; su abuela, Reyna García, y sus hermanos Carlos (15 años), Andrés (7 años) y Percy (5 meses).

“Quiero ver caer la nieve, jugar con mis hermanos, hacer un muñeco de nieve y ser como la princesa de ‘Frozen’. Voy a pasar la Navidad jugando con mis amigos y comiendo tamales”, contó la menor.

Ochoa, que llegó a Charlotte en junio pasado, vivió con terror la experiencia de ser perseguida por pandillas que operan en su natal Atlantida (Honduras) y el posterior viaje de meses con su abuela y la detención durante una semana en un albergue para inmigrantes.

“Se está adaptando muy bien, aprendiendo inglés, jugando y peleando con sus hermanos como es normal, y muy feliz por pasar la Navidad con nosotros. Quiere bailar, comer, y jugar con juegos artificiales. Será un buen día para ella”, acotó Jessica Ochoa.

A 93 millas de Charlotte, en el vecino Carolina del Sur, en la ciudad de Columbia, capital del estado, el guatemalteco Hugo Tecum, de 18 años, también anhela la oportunidad de quedarse en EE.UU. junto a sus tíos para seguir estudiando.

“Estoy aprendiendo inglés y me gustaría sacar mi bachillerato y luego trabajar. Me vine a este país para alejarme de las pandillas, del peligro que representaba en la aldea donde vivía, ojalá lo pueda cumplir, sería un buen regalo de Navidad”, contó Tecum a Efe, que cuando cruzó la frontera con su tía el pasado mayo tenía 17 años.

Además del deseo de quedarse en Carolina del Sur, Tecum quiere experimentar por primera vez patinar en una pista de hielo, y espera con ansias que caiga la nieve y haga más frío para disfrutar del tiempo helado.

“Me ha ido bien, la gente me ha apoyado mucho, y espero pasar contento la Navidad. Nos reuniremos en la casa con mis tíos, comeremos con los amigos y, sobre todo, disfrutaré de la libertad y de no tener miedo”, apuntó el adolescente, cuyo destino migratorio se decidirá en una corte de inmigración en abril de 2015.

En el estado de Florida, en Miami, Karen Villegas trata de sacar adelante a sus cuatro hijos, Wilmer (17), Karen (15), José (13) y Jean (9), quienes cruzaron solos la frontera en Texas el pasado junio desde Cortéz (Honduras).

“Vamos a pasar juntos una Navidad después de tantos años, y aunque los hijos quieren muchos regalos, el más preciado es poder quedarse en este país y seguir estudiando. Es la única manera de que salgan adelante”, contó a Efe Villegas.

Según la hondureña, ha sido un poco difícil la adaptación a un nuevo país, idioma y costumbres para los jóvenes, pero están haciendo todo lo posible porque desean “tener papeles para seguir estudiando y trabajar”.

Durante el año fiscal 2014 (del 1 de octubre de 2013 al 30 de septiembre de 2014), 68.641 menores sin acompañante, en su mayoría procedentes de El Salvador, Honduras y Guatemala, cruzaron la frontera de EE.UU., según cifras del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

La masiva llegada de los menores centroamericanos impulsó a muchas organizaciones sin fines de lucro como Fraternidad Americana, con sede en Miami, a organizar eventos para ofrecer felicidad a los niños durante la Navidad.

Nora Sandigo, directora ejecutiva de la organización, contó a Efe que hoy repartirán regalos en Kendall (Florida) a más de 150 niños centroamericanos que llegaron los últimos meses al estado sureño.

“Queremos que (los niños) recuerden su primera Navidad en este país con afecto, que se sientan parte de esta sociedad, que no tengan miedo, y que puedan disfrutar la alegría de estas fiestas”, comentó Sandigo.




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