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(Foto EFE)

EFE

El Ballet Folklórico de México, fundado en 1952 por la bailarina y coreógrafa Amalia Hernández, concluye este fin de semana sus presentaciones en la capital colombiana, donde ha mostrado la riqueza y la diversidad cultural de esa nación.

“Amalia (Hernández) trató de resaltar siempre las partes de la cultura mexicana: la gallardía de su gente, su alegría, la importancia que tiene la mujer, tanto su belleza física e interna como su espíritu combativo”, dijo hoy a Efe el coordinador artístico del ballet, Carlos Antúnez.

El nieto de Hernández, Salvador López, está hoy al frente de una agrupación que cuenta con casi 600 miembros, mantiene el legado de su fundadora y actúa como un embajador cultural de México.

Con 62 años de historia y más de 120 giras internacionales a sus espaldas, el ballet traslada a los espectadores a México a través de un programa renovado en el que expresiones estéticas y rituales como el color, los mariachis y la muerte evocan los valores y las raíces del folclore mexicano.

El espectáculo, con diez piezas, da a conocer los diferentes parajes y regiones del país a través de la danza, entre las que destaca “La revolución”, obra basada en las soldaderas, mujeres combatientes que lucharon junto a sus hombres “con el niño en un brazo y el rifle en el otro” en la revolución de 1910.

“Es una de las pocas guerras en el mundo en el que la mujer no se quedó en casa a esperar a que los hombres regresaran”, manifestó Antúnez.

En su opinión, la riqueza cultural de México reside en que cuenta con “diferentes ritmos y climas lo que hace que la gente baile de manera diferente en cada región”.

El número de apertura del ballet es “La danza de los Concheros”, obra que honra a los dioses mesoamericanos y revive las tradiciones ancestrales.

La agrupación folclórica también presenta otras piezas como “La danza de los Quetzales”, originaria de la Sierra Norte de los estados de Puebla y Veracruz, basada en la leyenda del Quetzal, ave mitológica centroamericana que es venerada por su elegancia y belleza, “Antiguos Sones de Michoacán” o “El carnaval de Tlacotalpan”.

“El danzón y la Jarana”, que se baila en el sureste del país, “La Fiesta de Jalisco” con los tradicionales mariachis y los equinos de la charrería de Guadalajara (norte), cuna de este género musical, también se ven en este espetáculo.

Así como la esperada “Danza del venado”, ritual de los indios de los estados de Sinaloa y Sonora (norte), que dramatiza la cacería de un ciervo, como una “lucha del bien y el mal, la vida y la muerte y la supervivencia”, apuntó Antúnez.

En Bogotá, donde ha estado en cartel desde el 16 de octubre, el espectáculo culmina con un guiño a la cultura colombiana con la interpretación de la popular “La pollera colorá”.

La actual gira latinoamericana continuará por Chile, Argentina y Brasil.




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