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Marianela Ágreda Armas || magreda@el-carabobeno.com

Cada losa levantada retumba en la indolencia. Cada filtración recuerda lo poco que organismos gubernamentales valorizan los patrimonios históricos de la nación. Cada adobe que se asoma en el inferior de las bases de arcos bañados por la mugre del tiempo, reaviva la impotencia de ser testigo y cómplice del daño a la sede del Museo de Antropología e Historia de Aragua. 

Allí mismo, en pleno centro de Maracay aún se mantiene la infraestructura que se niega a morir en el tiempo, así la intención gubernamental definitivamente sea otra. 

No es la primera vez que desde El Carabobeño se denuncia el estado de deterioro de la estructura declarada patrimonio histórico en la Gaceta Oficial Nº 32.024 del 11 de de julio de 1980. Nunca se ha recibido respuesta ante el clamor de los maracayeros que si bien recibieron con beneplácito el remozamiento de la plaza Bolívar o la culminación de los trabajos en el Teatro de la Ópera, también exigen que se vuelque la mirada a la obra que se levanta entre Miranda y Mariño, en pleno centro de la Ciudad Jardín. La obra con detalles de Carlos Raúl Villanueva demuestra la parte del país que no se maquilla porque no representa sitio de diversión o esparcimiento, “pero alberga historia, nada más y nada menos que nuestra Venus de Tacarigua exhibida en el Museo Antropológico, ¿acaso eso no es suficiente?”, preguntó Ada Ochoa desde uno de los pasillos mientras caminaba entre los olores rancios de desechos corporales que también se consiguen en el área. 

El abandono del área y la poca o nula vigilancia nocturna, se unen para que el Museo Antropológico sea “casa” de indigentes y personas de mal vivir. 

El Museo Antropológico de Maracay sigue siendo espacio para albergar artesanos, los mismos que se concentran bajo las grandes lámparas que aún permanecen a pesar de que muchas de ellas no tienen vidrios o se tambalean a punto de caer. El moho verde trata de tapar la humedad como para ocultar el grado de deterioro, pero las manchas del agua se expanden más rápidamente. 

En los espacios también funcionan la Biblioteca Santos Michelena y el Centro de Historia de Aragua, cuyos enemigos principales son precisamente la humedad por filtraciones. 

Aquí lamentablemente no tenemos un Gobierno que se ocupe de lo que se tiene que ocupar sino de estar peleando mientras los maracayeros somos quienes pagamos los platos rotos, comentó Lucila Arias al mirar con estupor el estado del piso de la infraestructura marcado por pegostes y muchas baldosas que faltan, lo que crea desniveles peligrosos para discapacitados y personas de la tercera edad.




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