La tensión se multiplicó hace una semana. (Foto Arhcivo)

EFE

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, telefoneó este jueves al rey de Jordania, Abdala II, para tratar de rebajar la tensión entre los dos países a causa de la situación en la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, tercer lugar más sagrado para los musulmanes.

Según el diario progresista “Haaretz”, la llamada -que se produce 24 horas después de que Ammán retirara a su embajador en Tel Aviv- tuvo lugar este mañana por iniciativa del jefe del Ejecutivo israelí.

La oficina del primer ministro emitió, por su parte, un comunicado en el que aseguraba que Netanyahu garantizó al monarca hachemí que su país no tiene intención alguna de cambiar el “statu quo” que prevalece sobre el lugar desde la guerra de 1967, en la que Israel se apropió de Jerusalén Este.

“Ambos líderes llamaron a un cese inmediato de las acciones violentas y de las provocaciones”, según la nota.

Según el citado “statu quo”, la Explanada -sobre la que se elevan la mezquita de Al Aksa y el domo de la Roca- está bajo jurisdicción del Ministerio jordano de Asuntos Religiosos y la seguridad en su exterior en manos de Israel.

Conocida entre los judíos como el Monte del Templo, la historia dice que en su cima estuvo el Segundo Templo -el más sagrado del judaísmo-, que fue destruido hace unos 2.000 años por la tropas romanas de Tito. Según la ley judía, está prohibido caminar y rezar sobre ella mientras no llegue el Mesías y lo reconstruya, ya que existe el peligro de profanar el Sancta Sanctorum.

La tensión en torno a este promontorio, situado en el casco viejo de Jerusalén, ha crecido en los últimos meses después de que corriera el rumor de que el Parlamento israelí estudia una propuesta para abrirlo al rezo judío, como exigen los movimientos procolonos ultranacionalistas.

Y se ha disparado con las continuas visitas de diputados de extrema derecha, que entran en el recinto y musitan oraciones fuertemente escoltados por la policía pese a la ley, lo que genera protestas de los musulmanes y disturbios. A ello se ha unido la decisión israelí de impedir la entrada a los musulmanes menores de 50 años.

La tensión se multiplicó hace una semana después de que un presunto pistolero palestino tiroteara en Jerusalén Oeste al rabino Yehuda Glick, uno de los que más presionan para cambiar el citado “statu quo”.

El intento de asesinato de Glick, que se recupera en un hospital, llevó a Israel a cerrar totalmente el santuario al rezo musulmán por vez primera desde 1967, un hecho sin precedentes que incluso condenó Estados Unidos, que exigió la inmediata reapertura.

Ante la situación, Jordania y los palestinos pidieron la semana pasada a la ONU una reunión para examinar la situación en la Explanada, uno de las principales causas de la agitación y la tensión que viven los barrios árabes de Jerusalén Este.

Ayer, la Policía israelí hubo de intervenir para impedir que grupos de judíos ultranacionalistas subieran de nuevo al lugar santo.

Jordania considera una línea roja Jerusalén -cuya parte este reclaman los palestinos como capital de su Estado y cuya anexión por parte de Israel no reconoce la comunidad internacional.




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