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Las menores ofrecen las rosas. El precio varía según el día. (Foto Carlos Andrés Pérez)

Cecilia A. Chirinos

Cuando llega el jueves y cae la noche, María, nombre ficticio, de 14 años, debe alistarse para vender rosas en un semáforo de Valencia hasta las 12 de la medianoche, aproximadamente. Su madre murió cuando tenía 11 años y su padre la mandó a trabajar para que cubriera sus propios gastos. Abandonó la escuela, dejó de jugar con muñecas y creció antes de tiempo para enfrentar una realidad fría y con riesgos.

Las ventas varían. “No siempre vendo muchas rosas, pero sí alcanza para comprar un poco de comida”, dijo la joven. Lágrimas recorrían su rostro y con una voz quebrada expresó que su suerte era muy distinta a la de otros niños. A veces se acuesta sin cenar porque en algunas oportunidades no hay comida en su casa. “Muchas son las personas que me preguntan por el precio de la rosa y no las compran, adultos que preguntan dónde están mis padres, pero ninguno se preocupa por ayudar”.

Así como María hay muchos niños y adolescentes que no solo se dedican al trabajo informal en las noches, sino a vender su cuerpo y sustancias estupefacientes para ayudar a su familia. La nueva Ley Orgánica del Trabajo (LOT) prohibe el trabajo de los niños, niñas y adolescentes menores de 14 años.

La profesora de Derechos Humanos de la Universidad Arturo Michelena, Denotilia Hernández, destacó que el trabajo infantil no debería permitirse en Venezuela ni en otro país, porque coarta la niñez y no está bajo la supervisión de ningún organismo, sobre todo aquellos que realizan un trabajo informal. Los niños y adolescentes que se encuentran hasta altas horas de la noche en la calle, atentan contra su propia vida, no se les respeta sus derechos y deberes, según lo establecido en la Ley Orgánica para Niños y Adolescentes, la Ley de la Familia y la Carta Magna.

Hernández indicó que en algunas oportunidades hay jóvenes que son sometidos a la explotación infantil, maltrato y violencia doméstica, por lo que hizo énfasis en el artículo 4 de la Lopna que “el Estado tiene la obligación indeclinable de tomar medidas administrativas, legislativas, judiciales y de cualquier otra índole que sean necesarias y apropiadas para asegurar que todos los niños y adolescentes disfruten plena y efectivamente de sus derechos y garantías”.

Los consejos de Protección del Niño, Niña y Adolescente de Valencia y Naguanagua desconocen las cifras oficiales de cuántos son los niños que se dedican al trabajo en las calles. El Universal publicó el 3 de marzo del 2010 que 80 mil 774 niños trabajan para subsistir.

La consejera de Protección del Niño, Niña y Adolescente de Naguanagua, Adrimary Herrera, aseveró que en el municipio son muy pocos los niños en esa condición y la mayoría no pertenecen a esa entidad sino a Valencia. “Se está trabajando con un plan integral, no sólo sacarlos de la calle, sino ver si están en una situación de riesgo”.

En lo que va de año solo 56 mayores de 14 años se han presentado en el Consejo de Naguanagua para solicitar un permiso y trabajar de manera legal en una empresa, la cual respete sus derechos y deberes, trabajen las horas estipulada por la Ley y en lugares óptimos para su recreación y bienestar, sostuvo Herrera.

Ventas de rosas

Los semáforos de la avenida Andrés Eloy Blanco, frente el Centro Comercial Shopping Center, Palacio de Los Iturriza, la calle de los café en El Viñedo, en Valencia y distribuidor Mañongo, en Naguanagua, se han convertido en lugares fijos para la venta de rosas por menores de edad.

En cada una de las esquinas hay un rostro distinto, pero con una mirada de inocencia que aún conservan. Una adolescente embarazada de 15 años indicó que desea estudiar medicina cuando termine el colegio, a pesar que desde hace cuatro años se dedica al trabajo informal, su sueño es ser doctora y cursa 4º año de bachillerato.

La joven explicó que hay una señora que los distribuye en cada zona de la ciudad para vender las rosas y luego le entregan un porcentaje de su ganancia. “Nos buscan y nos llevan a nuestras casas al terminar la jornada laboral”. Todos los vendedores viven en una misma comunidad, ubicada al sur de Valencia.




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