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Los clientes prefieren reparar sus aparatos viejos. (Foto Carlos Andrés Pérez)

Dayrí Blanco

Las exhibiciones están vacías. Ya apagarán su primera vela de cumpleaños así. Las tiendas están desoladas. María Aguillones ha recorrido varias. Entra, ve estantes llenos de escasez, se pasea por los pasillos aunque sabe que no encontrará nada, y se va. Ya ni pregunta. Sabe que los vendedores le responderán que no han podido importar mercancía porque no hay dólares. Así que se conforma con seguir viendo sus programas preferidos en el aparato de vieja generación. El televisor pantalla plana que tenía se dañó y el repuesto no ha llegado al país desde hace más de seis meses.

Esa es la realidad. Una crisis que va más allá de establecimientos que venden productos terminados, que en su mayoría es comprado en el exterior. La grave situación también llegó a esos talleres, por lo general pequeños y modestos que se dedican a reparar electrodomésticos.

Jesús Miguel Machado fue totalmente sincero al afirmar que si a un televisor LCD se le daña la tarjeta de video, la fuente de poder o la pantalla, es mejor botarlo. Son piezas que no se consiguen. Por eso la tendencia en su establecimiento durante los últimos meses, ha sido que lleguen clientes resignados que han desempolvado viejos artefactos averiados, pero que tienen más posibilidades de ser reparados. Esos repuestos sí se encuentran en el mercado.

Proveedores sin mercancía

Los proveedores no entregan los pedidos con regularidad. Tampoco les llevan la cantidad solicitada. Al negocio de Gregory Mobayed, ya no le despachan ni las cuchillas para las licuadoras dañadas de sus clientes, con la frecuencia acostumbrada. Ahora debe esperar tres meses para que le entreguen un número que no llega ni al 50% de lo que necesita para cubrir la demanda.

Ahora son pocos los ventiladores que puede reparar. La mayoría de estos artefactos que le llega tienen el campo averiado. Pero el fabricante de esta pieza no tiene cobre, principal materia prima del repuesto. Por eso ha tenido que abrir su abanico de proveedores y es en Puerto Cabello donde ha logrado conseguir unas cuantas unidades.

Como hecho inédito, Mobayed ha tenido que devolverle a sus clientes, lavadoras sin reparar. No se consiguen motores ni transmisiones. Lo mismo pasa con los microondas. El magnetrón es una pieza que usualmente se daña y que está marcada con el sello prácticamente indeleble de la escasez, según indicó Machado.

Las fallas de inventarios han convertido estos establecimientos en zonas de alianzas en las que para no perder ningún trabajo, buscan las piezas en negocios hermanos para reparar un equipo que esta descompuesto.

Usuarios y técnicos buscan los repuestos hasta en páginas web. En los talleres reconstruyen o adaptan piezas viejas, y ahora también reparan hasta las tarjetas digitales.

Precios en crecimiento

El fenómeno de la oferta y la demanda también se evidencia en este sector. La escasez ha elevado los precios hasta en 50%. Una cuchilla sencilla para licuadora que en 2013 costaba 180 bolívares, hoy además del esfuerzo que implica conseguirla, se deben gastar hasta 300 bolívares por esa pieza.

Pero hay otros aparatos que es mejor botarlos y adquirir uno nuevo. Es el caso de los secadores de cabello. La reparación de uno está por el orden de los cinco mil bolívares, mientras que uno nuevo cuesta seis mil, con garantía y sin las fallas técnicas que ocasiona el tiempo de uso.




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