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Dayrí Blanco

 

El vallenato está ahí, siempre presente. Es la banda sonora
de cada mañana en la buseta a la que sube Luis Baute. Va con su uniforme verde
al hospital donde ejerce la residencia desde que se graduó. Ya no lleva la bata
blanca puesta. Los primeros días la lucía con orgullo pero llegaba siempre
sucia, sudada y contaminada a la emergencia. En el bolso sobre su espalda está
todo lo que necesita: comida, agua y el dinero justo en la cartera para el
pasaje. Solo a veces cae en el lujo de un café por la tarde. El sueldo no le
alcanza para más. Le cubre el 13% de la canasta alimentaria.

En la vida de este médico no había espacio para algún margen
de error. Debía ser cirujano. Sus abuelos, padres y tíos habían construido una
dinastía en la ciudad. Desde pequeño sabía lo que estudiaría. Se lo decían
hasta sus juguetes. Y así fue. Pero la herencia se empobreció con los años. El
80% de los doctores activos gana menos de salario básico. A ese grupo pertenece
Luis. La historia se replica con el 90% de los jubilados.

El profesional de la medicina que depende del Ministerio de
la Salud que más gana en el país, hasta el 15 de octubre, es el jefe de salud
pública 3. Para llegar a ese cargo debe tener entre 15 y 20 años de servicio y
cumplir con estudios de especialización de maestría y doctorados. Todo eso por
ocho mil 800 bolívares al mes, que apenas cubre el 17,38% de la canasta
alimentaria calculada por el Cendas-FVM en septiembre, y el 11,19 de la básica
familiar que está en 78 mil 611 bolívares.

Los médicos que forman parte de la misión estatal Barrio
Adentro no gozan de mayores beneficios. Cobran cinco mil 720 bolívares
mensuales, lo que equivale a tres días de alimentación básica. Ellos, como el
cirujano de la dinastía Baute, también sacan cuentas con el vallenato o algún
merengue de los 80 de fondo.

 

Pobre educación

Sin el sueldo de sus dos hijos sería imposible para María
Ortega mantener su hogar. Ella tiene 20 años de servicio como docente de
primaria. Cada mes queda en mora con el pago de algún servicio para poder
cumplir con otro.100 bolívares más que el salario mínimo vigente hasta
septiembre es lo que cobra. Se ayuda con los siete mil 421 que gana cada uno de
sus hijos. En total, con los ingresos de los tres solo cubren el 28,48% de la canasta
familiar, lo que es igual al pago de las necesidades fundamentales del hogar
por ocho días.

Los profesores universitarios ganan más, pero tampoco es
suficiente. De acuerdo a la última contratación colectiva que el gremio
rechaza, un docente que acaba de ganar el concurso recibe al mes 21 mil 671
bolívares, y uno con 30 años de servicio y estudios de cuarto nivel cobra 36
mil 812 bolívares que no le alcanzan ni para la cesta alimentaria que está
37,52% por encima del dinero con el que cuenta, en 50 mil 625 bolívares.

 

Títulos devaluados

La vida para un recién graduado en Venezuela no es fácil.
Luciano Orellano lo confirma a diario. Con su gran título de ingeniero
industrial adornando la sala de la casa de sus abuelos, pasa más de ocho horas
al día en una oficina entre cálculos y números para recibir un depósito mensual
de 25 mil 300 bolívares, que es lo que establece el tabulador elaborado por el
Centro de Ingenieros de Venezuela. Con eso solo logra costear el 50% de la
canasta alimentaria. Pero él es afortunado. Su colega y compañero de grado,
Alonso Guzmán, solo recibe 13 mil 500 por el mismo trabajo en otra empresa. Las
tablas salariales no siempre se respetan, y este joven apenas cubre el 17,17%
de la cesta familiar.

Los billetes son los mismos. Su valor no cambia en los
bolsillos de acuerdo al título universitario de quien los porte. Las
profesiones en Venezuela son desestimadas. En la administración pública un
abogado gana salario mínimo. No hay presupuesto para más. Distinta es la
realidad de quienes asumen la carrera a libre ejercicio. Un abogado mercantil
puede alcanzar la suma de los 35 mil bolívares mensuales, pero antes debe haber
cosechado años de experiencia y reputación para mantener una buena cartera de
clientes. Un esfuerzo que solo le cubre 13 días de las necesidades elementales.

 

El peor salario de
Suramérica

Venezuela es el único país en Suramérica que experimenta un
retroceso salarial, seguido por Chile, que tuvo una variación de 4% del salario
mínimo sin llegar a ser una contracción, en contraste con Brasil que es el país
con mayor crecimiento de sueldos al registrar una variación de 92,5% en los
últimos cinco años.

El concepto del salario mínimo en Venezuela y su
masificación lo creó Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, cuando estipuló
en ese momento que la remuneración básica para los trabajadores de mil 200
bolívares, en una época en la que el dólar se cotizaba a una tasa de 4,30, lo
que significaba un sueldo de 280 dólares. Con ese ingreso se podían comprar mil
200 arepas a un bolívar cada una.

En la actualidad, a la tasa Simadi que en promedio se ha
mantenido en 200 bolívares, se pueden comprar solo 37 billetes verdes. Al
cambio libre el salario mínimo en el país es igual a 10 dólares. Esto significa
que la remuneración que recibe el cirujano Luis Baute y la maestra de primaria
María Ortega se ha contraído en 96,43% durante los últimos 40 años y ahora solo
pueden comprar 37 arepas al mes a 200 bolívares. 




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