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Sara Pacheco

En ocasiones los problemas de comunidades diferentes son iguales. El 2015 estuvo marcado por la deficiencia en los servicios públicos. Falta de agua blanca pero abundantes aguas negras, es una de las ironías con las que deben sobrevivir algunas zonas al sur de la ciudad.  

La falta de planificación en el diseño de urbanismos ilegales es un elemento clave que engloba la mayoría de las molestias. Sin embargo, el hecho de que algunas zonas daten más de 30 años, marca la ausencia de orden hacia las instituciones públicas. 

Los habitantes están cansados de denunciar. Las frases se repiten. “Estamos hartos de llamar y no nos traen solución”, asintió Darleni Chourio, miembro del consejo comunal del barrio Andrés Eloy Blanco, en una de las manifestaciones más grandes de la avenida Aranzazu llevada a cabo en octubre. 

En este sector en específico había una laguna verde que impedía el desenvolvimiento regular de las actividades diarias en los residentes de la segunda entrada del sector. Cansados de llamar y de presentarse en distintas instituciones públicas, cerraron la vía. Con quema de cauchos, basura y cualquier cantidad de material postrado en el camino de los manifestantes, exigieron la presencia de personal de la hidrológica del centro. 

El problema fue solventado. Aparentemente, cuando el pueblo decide alzar la voz en conjunto, llegan casi de inmediato las autoridades. 

En octubre y abril, pasó lo mismo en La Isabelica. El modus operandi es idéntico en cada caso. Inicia el problema, comunidad denuncia, organismo no acude a tiempo, empeora la situación, vecinos continúan denunciado, organismos siguen sin prestar atención, habitantes radicalizan denuncias al cerrar calles o avenidas, o a vociferar consignas fuera de la institución que lleva meses ignorándolos. En este punto del proceso llega la solución, que en ocasiones no representa lo esperado.  

La basura no desaparece

La basura fue otro tema bastante polémico. Desde el 2014, se presenta un estado irregular con los desechos sólidos. Las razones, aún no claras para los afectados, son analizadas por los representantes de los organismos públicos, con soluciones por temporadas. 

Durante la culminación del año escolar pasado, vecinos de Trapichito quemaron las cientos de bolsas negras que obstaculizaban la vía principal. Lo particular de este sector, es que el camión del aseo urbano pasaba diariamente, pero no recogía por la enorme cantidad de desechos, que llegaron al lugar gracias a la inconsciencia de algunos residentes y foráneos, quienes lanzaban hasta desde vehículos bolsas con basura. 

Entre el preescolar y la escuela básica Rolando Carrillo el olor era nauseabundo. Tras no recibir respuesta, amenazaron con llenar un camión y depositarlo en las puertas de la alcaldía. 

Posteriormente se ejecutó el Plan Valencia Limpia, con el cual se recogieron alrededor de nueve toneladas de basura. 30 camiones estaca, 32 cuadrillas de barrido, 40 compactadoras operativas, ocho retroexcavadoras y más de mil voluntarios, se desplegaron por la ciudad. 

La falta de energía eléctrica por días, fallas en el servicio de agua, calles en pésimo estado y problemas con el transporte público, fueron otros temas que protagonizaron las concentraciones pacíficas, amparadas en los artículos 53 de la Constitución Bolivariana de Venezuela, que establece el derecho a la reunión con fines lícitos y sin armas. El 57, el derecho a expresar de viva voz y de cualquier forma pensamientos, ideas y opiniones. El 68, el derecho a la manifestación de manera pacífica y sin armas. 




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