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Fabio Solano || solanofabio@hotmail.com

“Ahora están quemando la botica Indiana. Los estudiantes están desatados, primero el libro y ahora el negocio. Telmo va a tener que esconderse, o irse de Caracas”. La voz de César Ramón intentaba ser tranquila, sin lograrlo. Era el reflejo de la inquietud de los capitalinos ante los últimos sucesos.  En la memoria inmediata del joven se había fijado que justo el día del nacimiento del doctor José María Vargas, bajo su estatua en la plaza de la UCV, quemaron cerca de cien libros “El Bien General”, de Telmo Romero, el llamado “Brujo de Miraflores”. Era la rabia contenida de los universitarios que estallaba sin límite, en rechazo a su nombramiento como rector. Y cómo el gobierno no cedía, más bien los reprimió y apresó, ahora han quemado el negocio del hombre. 

Cuando César Ramón entró en la sala sólo estaba su tía María, pero ante el barullo su padre don Ramón y su esposa, asomaron la cara, interrogando con la mirada. Explicada la situación, el jefe de casa tomó asiento en su sitio habitual y con gesto adusto, sentenció: “Yo lo dije. La aparición de ese señor traería problemas. No es posible que un hombre que nadie sabe con certeza quién es, o de dónde viene, sea aceptado en la casa del Presidente. Este Telmo dicen que es tachirense, aunque algunos aseguran que es de Cúcuta. Eso no está claro, como sucede siempre con la gente de la frontera. Además, no tiene ni siquiera título legal de médico. Y se atrevió a escribir un libro horrible, con mejunjes y recetas diabólicas. Ese libro que quemaron tiene, por ejemplo, para el mal dormir, que el enfermo debe ponerse en la axila una bolsita con el polvo de un corazón de murciélago. ¿Cómo es posible que un hombre que recete eso, tenga puerta libre en Miraflores?”.

En ese momento, Doña Mariela colocó una humeante taza de café frente a su esposo y aprovechó para meter baza: “La verdad, el problema surgió desde que el general Crespo recibió a ese curandero. Según mi comadre Nieves, el hijo menor de misia Jacinta estaba enfermo. Este Telmo Romero se presentó a Miraflores con la carta de un general amigo de la familia. Hablaba con el Presidente cuando Jacinta entró a informarle de la salud del muchacho, y por eso el hombre, que no dejaba escapar una, se ofreció. El enfermo se curó y de ahí en adelante se metió en Miraflores como nadie lo había hecho. Siendo un yerbatero se convirtió en médico de la familia presidencial. Después llegaron los nombramientos: Director del Manicomio de Los Teques, director del Lazareto de Caracas. Luego el propio Crespo lo mandó a Estados Unidos a comprar un título pirata de médico, conseguido en cuatro meses. Se le ve el tramojo al charlatán”. 

-No te agites tanto -dijo el esposo- yo creo que misia Jacinta seguro ha tenido mucho que ver con lo de este brujo. Es que la doña se mete en todo, incluyendo la política. Es la primera vez en nuestra historia que la esposa de un Presidente opina y decide en cosas del gobierno. Yo sabía de Barbarita que dominaba a Páez, pero era discreta y nadie la vio mandando en público. En cambio, Jacinta influye abiertamente porque para su marido su palabra es santa. 

De pronto César Ramón terció, para sentenciar: “La cosa con este brujo ha llegado a su límite. Los universitarios supieron que lo del título de médico comprado era para poder nombrarlo Rector de la Universidad Central. Por eso escogieron el natalicio del doctor Vargas para quemar su libro de brujería, y ahora destruyeron su único negocio, la botica esa a la que el gobierno le compraba las medicinas. Por ninguna razón van a dejar que un curandero sea Rector. Porque para ser Rector hay que tener lo que se dice academia, tiene que ser un doctor de verdad y hasta científico, si es posible. ¿Cómo se le ocurre al Mandatario que un brujo como Telmo Romero, pueda regir a nuestra máxima casa de estudios? Eso es de bárbaros y sólo sucede en Venezuela”.




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