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Las fallas obligan a los pacientes a recorrer varios establecimientos. (Foto El Carabobeño)

Luisa Quintero

La previsión de Yamilé Hernández la llevó a comprar reactivos para realizar exámenes de laboratorio rutinarios y especiales el año pasado. La bioanalista fue advertida que la situación para este sector de salud se agravaría a principios de 2014. Sus colegas la han llamado para revelarle que no tienen los reactivos para realizar pruebas comunes como la de triglicéridos.

Las fallas intermitentes que presentan los laboratorios clínicos, obligan a los pacientes a recorrer varios establecimientos para realizarse las 10 o 12 pruebas que les mandó su médico, aseveró César Sánchez, presidente del Colegio de Bioanalistas de Carabobo. Para el usuario no es conveniente realizar estas movilizaciones por la incomodidad que producen los pinchazos para extraer la sangre.

El presidente detalló que el 90% de los insumos de laboratorio y misceláneos son importados y desde hace un año se presentan las fallas. La llegada al país depende de la rápida aprobación de las divisas por parte del Sicad, pero se han retrasado con el pago a las casas importadoras.

Con 25 años de ejercicio, Yamilé debió quedarse sin dinero para poder adquirir lo que necesitaba para el laboratorio Omnisalud. Aún así no cuenta con los reactivos para realizar la prolactina, HIV, proteína C reactiva, glicemia, hemoglobina glicosilada o sodio. A esta lista se suma la deficiencia en tubos de ensayo de tapa roja, morada o azul e inyectadoras de cinco o 10 cc. “Hace dos meses la situación era peor”.

Los tubos de ensayo importados incluyen el anticoagulante necesario para que la muestra se mantenga el mayor tiempo posible. La escasez obliga a los bioanalistas a esterilizar el tubo e incluir el anticoagulante, pero la excesiva manipulación puede comprometer el margen de error en los resultados de las pruebas, explicó Sánchez.

Greylu Villasmil es la encargada de un laboratorio en Naguanagua. Con seis proveedores que le suministran los materiales necesarios ha tenido más suerte que el resto de los establecimientos en Carabobo. En algunas ocasiones ha tenido que suspender las pruebas de HIV, VDRL, triglicéridos, tiroides o helicobacter pylori.

La trabajadora, quien ha logrado reponerse de estos imprevistos no se hace ilusiones con las inyectadoras. Para poder ahorrar las pocas que le envían los proveedores utiliza el sistema venoyet, que permite utilizar una sola aguja e intercambiar los tubos de ensayo que necesite el paciente según la prueba.

La red pública también padece como los laboratorios privados porque en el Hospital Central solo se realizan hematologías completas, lo que obliga al familiar del recluido a trasladar la muestra a los lugares que se encuentran alrededor de la ciudad hospitalaria. El Hospital Universitario Ángel Larralde no cuenta con laboratorio de bacteriología desde hace siete años. “Hemos visto la disposición de mejorar el servicio público pero se deben hacer más esfuerzos”, sentenció Sánchez.

Del Hospital Central llamaron a Hernández para que contribuyera con la realización de exámenes de sangre, pero no puedo hacerlo para no dejar sin servicio a sus clientes.




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