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La cola llegó hasta afuera del centro comercial. (Foto Kevin Barrios)

Zerimar García

Hacer cola para comprar los alimentos básicos y luego revenderlos, es también un negocio. Varios llaman a sus amigos más cercanos y familiares para ir juntos y hacer un mercado a lo grande. Aquí están muchos de los que revenden y eso es algo que nadie ha regulado, denunciaron algunos que hacían la larga fila el domingo en el supermercado Bicentenario de El Trigal, para realizar la compra semanal que les tocaba de acuerdo al terminal de su número de cédula.

Diariamente los revendedores están a la espera de los productos básicos, lo compran a precio regulado para luego venderlo al triple a quienes no desean realizar estas largas filas. “Sé que luego conseguiré una bolsa de café a 80 bolívares en cualquier abasto, pero me niego a hacer esa cola”, dijo una señora.

Marleny Álamo llegó al Bicentenario de El Trigal a las 5:30 am y salió con sólo algunos alimentos básicos a las 10:00 am. No encontró pollo ni carne y mucho menos hortalizas porque las neveras llevan tiempo dañadas. “A veces puedo encontrarlas en otros supermercados pero muy caras ya que las revenden”.

Una de las reglas de los supermercados socialistas es comprar por el terminal del número de cédula. Cada venezolano puede ir una sola vez a la semana, sin importar el día, a realizar las compras, sin embargo de alguna manera los revendedores se saltan esta regla.

Marleny contó que comprar por número de cédula dificulta su visita al supermercado, pues a veces está ocupada trabajando, por lo que optó por llevar a su hija cuyo terminal cédula coincidía con la lista de ayer, pero según el supermercado es una regla que los menores de edad no puedan comprar. “Me pidieron hasta la partida de nacimiento. Aquí hay muchos que compran una o dos veces y ellos no dicen nada”.

Lamentó tener que comprar en varios lugares saltando de un precio a otro para llevar a su casa un mercado completo. Si consigue el pollo a 150 bolívares, lo compra con lo que se ahorró al hacer la larga cola en el Bicentenario.

Muchos se marchaban indignados al ver que además de hacer la cola, tenían que dirigirse a comprar el día que les tocara conforme a su terminal de cédula. Vociferaban que preferían comprar a precios altos que someterse a ese martirio.




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