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Por horas hacen cola los revendedores de alimentos. (Foto Carlos Andrés Pérez)

Dayrí Blanco / Cecilia Chirinos

Los mensajes de texto son su mejor herramienta. Los usan a cualquier hora, y si el dato que le pasan es bueno consiguen la manera de ser los primeros en llegar. No importa lo lejos que estén, tienen sus contactos que siempre saben y les avisan donde llegó aceite, harina de maíz, leche o cualquier producto regulado que después revenden.

Siempre hay cola porque ellos prácticamente duermen aquí, expresó la cajera de un supermercado al señalar con su dedo índice a quienes -para ella- son revendedores.

Diariamente están en las afueras de diferentes establecimientos. Bajo sol o lluvia, preparados con sus paraguas, sillas y hasta carpas para descansar. Pasan toda la mañana, e incluso están ahí desde antes que salga el sol y se les sigue viendo más allá de las 10 p.m.

Hacer colas, comprar productos de la cesta básica y luego venderlos en sus propios negocios es para ellos un trabajo y así lo han asumido. “Yo tengo una bodega en Las Agüitas y debo salir a buscar la mercancía, si no, no tengo nada para vender”, dijo Marioxy Vargas.

Johan duerme con el celular bajo la almohada. Sabe que a las 5:30 a.m. ponen pañales en los anaqueles de una farmacia. Pero no es algo que ocurre a diario, debe esperar la confirmación de un amigo que trabaja en el lugar. Cuando el mensaje “llegaron” aparece en la pantalla de su teléfono sale corriendo, camina cuatro cuadras, paga los dos paquetes de pañales que le permiten cancelar y comienza a mandar mensajes de texto a sus contactos para que les hagan el favor de comprar más.

Es un trabajo difícil. A veces deben recorrer hasta cinco establecimientos para encontrar algo que llene los estantes de sus negocios. “Por más contactos que tenga hay días en los que no se consigue nada”, expresó Johan.

Quienes van a los supermercados a comprar solo lo que necesitan para su casa se quejan. Ya le conocen las caras, saben que están ahí para luego revender al triple del precio estipulado y agudizan la escasez.

María de González relató que en varias oportunidades ha estado más de tres horas en cola para comprar leche, y cuando está por llegar su turno el producto se acaba. “Ellos se llevan todo, entran y salen varias veces, dan diferentes números de cédula cuando van a pagar y hacen su negocio. Y yo me voy a mi casa cansada y con las manos vacías”.

Otros han optado por no hacer sus compras en un supermercado, van a comercios más pequeños. Ahí no hacen cola y le pagan a los revendedores por unos alimentos que exhiben en sus bodegas gracias al dato que le pasaron en un mensaje de texto.

Colas desde el amanecer en Prebo

Desde muy temprano algunos carabobeños hicieron colas en las afueras de un supermercado en la urbanización Prebo para al menos adquirir una caja de aceite y cuatro kilos de harina de maíz.

A las 10:30 a.m. comenzaron a desesperarse. Trascurrían las horas y no lograban entrar al establecimiento para comprar productos que desde hace dos meses no consiguen. Si los encuentran, por ejemplo deben pagar hasta 120 bolívares por un litro de aceite, informó un ama de casa quien prefirió no identificarse.

A las adyacencias del establecimiento se acercaron efectivos de la Policía de Carabobo (PC) y Policía Nacional Bolivariana (PNB). Para algunas personas los funcionarios mostraban tranquilidad y para otras angustia al observar cómo estos ciudadanos se llevaban las cajas de aceite sin importarles que afuera hubiera personas desde las 7 a.m. haciendo su cola para comprar, relató con enojo Mabyle Montier Vargas.

Muchas de las personas que se encontraban eran revendedores, pero también amas de casa y padres de familias desesperados por comprar. En reiteradas ocasiones gritaban que les vendieran aceite, mientras que otros resignados se iban a sus casas sin al menos un kilo de harina de maíz.




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