Asimo casi puede tener una conversación. (Foto Archivo)

Alejandro Villalobos || [email protected]

Si Isaac Asimov viviera en esta época, los grandes avances en robótica habrían provocado un trabajo literario más prolifero y aún más denso. La variedad de funciones que hoy realizan algunos prototipos dejan volar la imaginación a más de uno, pero es esa tendencia a que parezcan cada vez más humanos que hace destacar a más de uno.

Asimo, de la japonesa Honda, ya tiene 15 años caminando. Ese año fue presentado como una novedad asombrosa, pues el humanoide lograba caminar sin caerse. Las mejoras que se le han añadido con el tiempo lo hacen cada vez más funcional.

En un video presentado por Honda, se puede ver al robot recibir a visitantes en una oficina y reconocer sus rostros, para darles la bienvenida pronunciando su nombre. También puede predecir el trayecto de una persona, detenerse y reorientar su camino para no torpezar.

Asimo casi puede tener una conversación. Al preguntar a tres personas que desean para tomar, y los tres responden al mismo tiempo, puede almacenar las tres preferencias, pero si no escuchó una, pide -nombrando a la persona y mirándola- repetir porque no lo pudo tener en su memoria.

En cuanto a su aspecto, el robot de Honda es pequeño, blanco y erguido. Pesa unos 50 kilos y mide 1,3 metros. Su rostro está cubierto por un vidrio ahumado que deja ver sus dos ojos, que en realidad son cámaras, y una leve sonrisa. Sus manos fueron modificadas para que pueda comunicarse por lenguaje de señas.

Otras actividades que puede hacer Asimo es llevar una bandeja, abrir una botella y verter el contenido en un vaso. También puede patear una pelota hacia quien decida.

Su aspecto está muy lejos de los que lucen los modelos que se muestran en películas de ciencia ficción. En Yo Robot, por ejemplo, Sony tiene una inteligencia adelantada y a través de su forma humana pueden verse sistemas de cables y metales que sustituyen los huesos.

El prototipo que sí tiene mucha similitud a un humano es Actdroid, es una mujer se rasgos japoneses que no sólo tiene una piel clara y tersa, con cabellera abundante y buena figura corporal, sino que viste de acuerdo a la moda y habla con actitud jovial.

No se moviliza. Está parada sobre una caja y funciona muy bien para dar la bienvenida a compradores en una gran tienda, y que ella les indique las ofertas, los nuevos productos a la venta o tal vez contar chistes y hablar del clima. A primera vista, parece una “persona” muy agradable.

Nao es francés y es conocido en el mundo de la robótica desde 2008, aunque antes de ese año hubo seis prototipos. Dos años después causó sensación en China por un baile que realizó en una feria de Shanghái. Su capacidad de seguir a los objetos con su cabeza lo hace especial.

Mide no más de 60 centímetros y pesa 4,3 kilos. Puede moverse activamente por una hora antes de agotarse la batería y se conecta con wifi.

El robot Nao está dotado de un sistema multimedia que funciona con Linux, y controla cuatro micrófonos, que le ayudan a reconocer voces y de donde vienen, dos cornetas emiten una vos cómica que sintetiza textos cortos y en diferentes idiomas, además de dos cámaras de alta definición que sirven para reconocer caras y formas.

Gracias a este sistema, Nao puede seguir a una persona le habla. Si se tropieza, puede levantarse sin ayuda y, de hecho, tiene la habilidad para sentarse como si fuera un adolescente extenuado después de jugar basket.

¿Qué escribiría Isaac Asimov sobre un robot que lo sigue a todas partes? Las historias, esta vez reales, están por escribirse.

¿Y que tal una mascota?

No sería una mascota tradicional desde ningún punto de vista, pues un canguro biónico dista mucho de ser una animal para tener y consentir en la casa. Pero, la compañía alemana Festo lo creó y le llamó BionicKangaroo. Es un robot que imita los famosos saltos de este representante australiano casi a la perfección. La innovación en este modelo es que a cada brinco, como el canguro real, recupera su energía, la almacena y la utiliza de manera eficiente para su próximo salto. Se sabe que la locomoción de los canguros goza de resistentes tendones que absorben energía al caer al suelo y la utilizan para el siguiente salto, por lo que pueden recorrer largas distancias sin cansarse. Con un sistema de engranajes el robot se eleva 40 centímetros y avanza 80 más en cada salto. Está controlado con un aparato que se coloca en el brazo y mediante gestos ordena saltar o girar al robot.




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