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Las redes sociales se han convertido en su aliada en medio de la crisis. (Foto Archivo/El Carabobeño)

Adriana aún no ha cumplido dos años y los pañales siguen siendo parte de su vida, lo que se traduce en un verdadero problema para sus padres. La escasez no da tregua y los revendedores siguen aprovechándose de la crisis. Un paquete regulado en 250 bolívares lo venden en mil.

Se trata de 300% de sobreprecio que muchos se ven obligados a pagar. Desde hace un poco más de dos meses no llega el producto a los supermercados. En algunos que pertenecen a cadenas nacionales los proveedores despachan de forma intermitente y sin la variedad acostumbrada. La diversidad de marcas no existe, tampoco de tallas, y lo poco que llega se agota en menos de dos horas, pese a que la venta se hace de forma controlada.

Laura Arias es la abuela de Adriana, un domingo de paseo habitual con su esposo en un centro comercial, dejó de ver vitrinas cuando su visión se enfocó en las bolsas de una mujer con un par de paquetes de pañales. Eran del empaque rojo, justo los que suelen comprarle a su nieta. Apuró el paso con dirección a la farmacia, pero llegó tarde. Se habían acabado.

Con la acostumbrada reserva prácticamente en cero, la mamá de Adriana no tuvo más opción. Sin suerte en los establecimientos comerciales, y con un batallón de familiares y amigos a la caza del escaso producto, tuvo que acudir a los revendedores.

Hizo un largo recorrido. Se paseó por La Isabelica, Los Guayos, La Candelaria y los buhoneros solo le ofrecían toallitas húmedas, y algunos productos de la cesta básica. Fue detrás de la Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera (Chet) donde logró ver un paquete. Se bajó del carro, vio que era la talla que necesitaba y preguntó el precio. “25 bolívares cada uno”, le respondió la bachaquera. Era lo último que le quedaba en inventario a esta comerciante informal, a ellos también los ha golpeado la escasez. El producto estaba abierto, ya había vendido tres unidades.

Decidió seguir buscando y no caer en las redes de la especulación. A cualquier persona que ve le plantea su problema. Así se enteró que una vecina ha tenido que pernoctar en las afueras de una tienda de una cadena de farmacias para poder adquirir el producto. Al lugar llega un camión cada lunes en la noche. La venta inicia la mañana siguiente.

Las redes sociales se han convertido en su aliada en medio de esta crisis. A través de ellas conoció que en Maracay llega con más regularidad la talla XXG que usa Adriana, mientras que en Valencia, últimamente lo poco que se consigue es M o G. Mientras persista la escasez, la búsqueda será permanente. (DB)




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