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En abastos Bicentenario siempre hay cola de consumidores. (Foto Clemente Espinoza)

Dayrí Blanco

Juan y Maritza Tovar ya no llevan sus hijos al parque o la playa durante el fin de semana. Tampoco se quedan en casa toda la mañana descansando como solían hacerlo. Se despiertan temprano, la alarma suena a la hora de un día de trabajo habitual. Se montan en el carro, incluso sin desayunar, y empieza su peregrinar por hasta cinco supermercados diferentes en su intento por hacer las compras mínimas. Así se les van sus días libres, tratando de ganarle la batalla a la escasez que se agudiza en los anaqueles.

En un establecimiento decentemente surtido hay café, azúcar y margarina. La venta es regulada de dos artículos por persona. “Pero no consigo harina de maíz ni leche”, dijo Maritza, luego de haber visitado tres comercios. Miró su reloj y se dio cuenta que ya era casi la hora del almuerzo, así que le dijo a su esposo que la ruta seguía hacia un supermercado donde siempre consigue pollo.

Pero antes, Maritza aprovechó de pagar también salsa de tomate, mayonesa y dos kilos de filete de pescado que consiguió a buen precio. Al llegar a la caja se percató de la existencia de leche en polvo descremada. Preguntó el precio, “160 bolívares, señora”, le respondió la empleada y prefirió no llevarla. Con suerte conseguiría carne en otro supermercado, así que guardó ese dinero para poder comprarla.

En los abastos Bicentenario, así como en la red Mercal y Pdval, por lo general hay cola de personas que aseguran estar ahí sin saber qué productos comprarán. “Pero siempre hay algo”, expresó Matilde Mejicano, quien suele pasar hasta cinco horas esperando llegar a la caja para cancelar lo que le vendan.

La harina de maíz llega a los comercios con una frecuencia semanal. Desde principios de agosto se ha vendido con el incremento del 67,34%, previo acuerdo entre el Ministerio de Alimentación y representantes del sector agroindustrial. Pero de manera repentina la medida fue eliminada del portal web de la Superintendencia de Defensa de los Derechos Socio Económicos (Sundde). Este hecho ha generado confusión entre consumidores y vendedores y podría empeorar el abastecimiento del producto. “Prefiero pagarla a 12,40 bolívares pero tener la garantía de conseguirla”, señaló Maritza.

El aceite es el producto con más tiempo de ausencia en las exhibiciones. Hace más de dos meses que no es despachado. La respuesta de los proveedores es la misma: las empresas productoras no tienen dólares para la adquisición de palma aceitera, ingrediente fundamental de este rubro. En su lugar, se oferta de forma intermitente el aceite de soya, y aunque su precio está por encima del 50% del regulado, en menos de dos horas se agota.

Los pañales y compotas están extintos. Igual sucede con la harina de trigo. Y no hay variedad en granos. La pasta y el arroz a precio regulado tampoco se ven en los anaqueles. Todo indica que la escasez tiende a agudizarse y que la familia Tovar, y su historia replicada en muchos hogares, tendrán que seguir recorriendo supermercados cada fin de semana.




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