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Danilo Arbilla

Leopoldo López no se amilana ni se calla. Ni aún desde la cárcel. Coincidiendo con un creciente número de analistas, observadores políticos y economistas afirmó y alertó, desde un artículo publicado en The Wall Street Journal, que Venezuela “está al borde del colapso social y económico”.

López es el preso político por antonomasia. No asesinó ni torturó a nadie, no secuestró, no robó bancos, no hizo caer aviones, no ha diseminado minas terrestres, no ha sembrado el terror. Sin embargo está preso y proscripto políticamente, sin garantías judiciales (en Venezuela prácticamente no existen y menos para Leopoldo López). Lo curioso es que tratándose de un caso de persecución política tan arbitrario, de una violación tan flagrante de los derechos humanos y de su condición indiscutible de “preso político” no se haya transformado en la causa número uno de tantas organizaciones que se mueven en el mundo en defensa de “los presos políticos” y los derechos humanos, ni su situación sea el motivo principal de financiamientos originados en tantas fundaciones con recursos del norte desarrollado. Cabe consignar, sí, algunas muy destacadas excepciones como Human Rights Watch y la propia Comisión de Derechos Humanos de la OEA, que han elaborado amplios, detallados y muy documentados informes sobre la represión y la violación de los derechos humanos por parte del gobierno chavista y bolivariano de Nicolás Maduro.

La prisión de López, que habla de su coraje y valentía, es una clara expresión de la arbitrariedad y la represión imperante, pero a la vez es un muy fiel reflejo del miedo y la impunidad que determinan cada vez más la conducta del régimen chavista, que todavía se siente apuntalado por sus socios más estrechos de la Alba y por sus amigos y colegas progresistas del Mercosur y de la Unasur, acompañados éstos por quienes en los hechos desmienten su perfil democrático, ya sea por cuestiones de negocios, por oportunismo o simplemente por miedo.

Pero, lo que son las cosas, puede que la baja del precio del petróleo, con sus letales efectos en la desastrosa economía Venezolana, se convierta en un impensado pero violento “coletazo” a favor de los derechos humanos y de las libertades en Venezuela. Esto es, que motive cambios en las conductas de varios gobiernos que hasta ahora no se han percatado de la realidad venezolana, no solo en las mencionadas organizaciones, sino también en la Celac, y aquellas otras que agrupan a las naciones de Centroamérica y del Caribe, algunas muy ligadas a Cuba, Venezuela y el petróleo.

¿Y por qué no? La crisis venezolana, el fin del “maná” del petróleo ha “ambientado” la caída del “embargo” o bloqueo, como quiera llamársele. Parece que el precio del crudo le ha hecho ver a los EE UU, entre otras cosas, que el embargo es una mala idea, que solo ha servido al régimen comunista cubano y sus testaferros y promotores, pero al mismo tiempo ha alertado a los Castro, siempre atentos, que ha llegado el momento de dejar caer algunos emblemas y esloganes, y buscar otras alternativas ante el fin del “subsidio” venezolano.

Tal como se suceden y se precipitan los hechos, éstos estarían dando la razón a los que desde antes sostenían que el liderazgo del chavismo y su creador, el extinto Hugo Chávez, no era producto de un acto de adhesión genuino, militante y voluntario, e incluso, ni comprado; a lo sumo era una simple forma de alquiler. Es decir: se mantendrá vigente en la medida que sigan pagando la renta, cosa que no parece muy fácil, por esta cuestión de la crisis y del precio del petróleo en baja.

El futuro se presenta incierto para Maduro. Y esto ya lo vieron antes que nadie los Castro.

De todas maneras, pase lo que pase, sería importante que los gobernantes de las Américas e integrantes de tantas siglas, recibieran periódicamente los dossiers sobre la realidad venezolana de las organizaciones a que hicimos expresa referencia. Por lo menos para que después no digan que no estaban enterados. Porque, como dice también Leopoldo López en su articulo, “… permanecer en silencio, es ser cómplice…”




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