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Estefanía Rosales Coronel

La tarde del pasado 17 de febrero, el presidente Nicolás Maduro finalmente realizó los esperados anuncios económicos. Por primera vez, en 20 años, Venezuela incrementó el precio de la gasolina. Una medida que había sido casi un tabú para el Gobierno nacional después de lo ocurrido el 27 y 28 de febrero de 1989.

Para aquella época, la economía sufría una contracción de 8,1% y la inflación alcanzó 84,5%. Ahora, con una inflación de 180,2% -al cierre del 2015- y una reducción de 10% en el Producto Interno Bruto (PIB) -según el BCV-, no es de extrañarse que las comparaciones surjan. El historiador Agustín Blanco Muñoz, el sociólogo Carlos Raúl Hernández y el economista Pablo Polo exponen sus análisis sobre las circunstancias que bordearon aquellos días en que “bajaron los cerros”, en una traslación al día de hoy.

Pablo Polo: Los planos económicos

Entre el paquete económico de Carlos Andrés Pérez y las medidas anunciadas por Nicolás Maduro, la diferencia es que el de 1989 sí logró un avance económico, según la óptica del economista y profesor de la Universidad de Carabobo, Pablo Polo. Explica que esta vez, el aumento de la gasolina es un mero ajuste contable para pagar las cuentas de Pdvsa. Y el incremento de los impuestos obedece también a la búsqueda de un acomodo en las cuentas fiscales. “Pero no hay indicaciones de que vaya a mejorar la economía en un nivel macro”.

“Para aquel entonces, la inflación disminuyó significativamente. Se estabilizó el tipo de cambio. Se produjo una perspectiva de crecimiento, generándose una respuesta de la economía a lo que se registró en ese momento”, analiza Polo. Agrega: “No soy fanático de ese paquete (el del 1989), no fue la mejor opción que las circunstancias requería, pero tuvo resultados”.

El paquete diseñado por Miguel Rodríguez -quien para esa fecha fungía como ministro de Economía-, siguió los lineamientos que el Fondo Monetario Internacional expuso como condiciones para prestar su ayuda. A juicio de Polo, quien se equivocó en ese programa fue Miguel Rodríguez; “aunque tenía buenas intenciones, ejecutó las medidas de manera errónea. Esas decisiones acarrearon un gran costo para la población. Y el paquete no contemplaba medidas compensatorias”. 

Aun así, no se pueden establecer comparaciones lineales, argumenta Polo, porque son contextos diferentes. Reflexiona que en aquel momento ya se hablaba de una ruptura del modelo rentista; lo cual pudiera asemejarse con la situación actual en que se habla del agotamiento del modelo. “Modelo que se agotó en ese momento. El paquete era el viraje, el giro de la economía”. 

Pero, en el paquete propuesto por el presidente Maduro no se visualiza este tipo de medidas, más allá de la discursiva. El profesor Polo no vislumbra que se resuelva el problema de fondo. Lo percibe como una acción para cubrir momentáneamente una complejidad de mercado y no una estrategia para mejorar de verdad el panorama. ¿Esta vez, los lineamientos de la ‘emergencia económica’ son suficientes? ¿Las personas llegarán a sentir que están mejor gracias a estas medidas? La prognosis no es buena. Habría que darle tiempo al tiempo y ver qué termina sucediendo, comentó Polo. 

 “Y es que son condiciones diferentes. Venezuela era un niño al que nunca le habían tocado ni un pelo y llegó el papá y le dio una sola pescozada; fue una reacción muy violenta ante una experiencia que nunca se había producido. La población ha asimilado de mejor manera los cambios, veamos lo que termina ocurriendo con lo que estamos viviendo”.

¿El costo económico de producirse otro Caracazo? Depende de cuan violento sea, responde el economista. “Nadie quiere que se repita. En un conflicto de esa naturaleza, no hay ganadores. Yo no apostaría a una salida violenta desde esta perspectiva, se podría generar efectos sobre la capacidad productiva del país”.

Agustín Blanco Muñoz:  La perspectiva histórica

¿Será cierta aquella sentencia de que ‘la historia es cíclica’, que los acontecimientos se repiten? “Es un absurdo”, responde el historiador Agustín Blanco Muñoz. “La historia es un proceso, único, indivisible. No es posible siquiera considerar que hay divisiones en ese proceso. Pensar que hay repetición en la historia, es algo que carece de significación”. 

Hacer comparaciones en el caso histórico es problemático, porque siempre se quiere ver en qué se parecen o en qué se diferencian y no se ve el elemento central, advierte el historiador. 

Desde la perspectiva de Blanco Muñoz, el problema que se le presentó a Carlos Andrés Pérez y al del Nicolás Maduro forman parte de un mismo tronco estructural: la economía en crisis. “aquella, fue producto de lo que había sido la economía precedente y Carlos Andrés Pérez se vio obligado a adoptar unas medidas fondomonetaristas, las cuales tenía pautadas en un plan de ajustes, que anunció la tarde del 16 de febrero de 1989”. 

“Luego se produciría el estallido social popular, que quedó como una de las masacres más significativas y profundas de Venezuela”, pronunció con pausa el historiador, para quien hay que verla con sumo cuidado en cuanto a sus componentes, no solamente por el plan de ajustes, sino por los muchos elementos a considerar y ‘no poner de lado’. El contexto de ahora, igual es muy complejo y es necesario estudiarlo a fondo, sostiene Blanco Muñoz.  

A partir de los sucesos del 27F, en el país se inició lo que el historiador Blanco Muñoz ha denominado como el “Gran Vacío”, al atribuírsele a Carlos Andrés Pérez de ser el único responsable de lo ocurrido. “De pronto, allí ya no estaba el partido, el congreso, sino un individuo que intentó convertirse en una especie de salvador solitario y no lo logra”.

¿Qué sucedió con la población tras el Caracazo?, se preguntó el historiador y, en seco, se replicó: Dejó de creer en doctrinas, dirigentes, ideologías. La gente se queda desesperanzada y no quiere saber más sobre asuntos políticos.

Según Blanco Muñoz, los venezolanos no logran superar el trauma del febrero de 1989 y el vacío político, social y moral que llevó a la defenestración de Carlos Andrés Pérez no logra ser despuntado por ninguno de los gobiernos que lo han precedido hasta la fecha.

Carlos Raúl Hernández: Construcción del mito

El sociólogo Carlos Raúl Hernández es bastante contundente: “No, eso no se repite así no más”. 

El analista político refiere que El Caracazo y el estallido social se han convertido en una especie de mito urbano en Venezuela. En sus observaciones de este tipo de fenómenos ha encontrado que los estallidos sociales se producen solo cuando no hay respuesta policial oportuna en un momento dado. 

Hernández ha estudiado episodios de disturbios a lo largo del siglo XX y XXI en distintas ciudades del mundo como Nueva York, París, Montreal. Y su hallazgo ha sido que lo único realmente determinante es la ausencia de una respuesta de los cuerpos de seguridad. “No tiene nada que ver con la pobreza, ni con la exclusión social, ni con la miseria…”.

Una de las características que hace particular el caso venezolano es que a diferencia de otros países, el acto de saquear un supermercado o asaltar una gandola -los cuales constituyen delitos-, son justificados por grupos del poder que parecen olvidar que son moralmente inaceptables. “Imbecilidades muy típicas de nuestra élite dirigente”, manifiesta el sociólogo.

-Aquí las élites se quedaron en el siglo XIX y ven las manifestaciones colectivas de violencia como actos de justicia social. En países desarrollados se censuran, se sancionan; aquí no. Es algo así “como lo hizo el pueblo está muy bien”. Un discurso que provoca ataques de sarna, como también que haya personas en la oposición que hablan de un nuevo 27F como si fuera algo muy bueno, casi como si anhelaran la venida de un estallido social, manifiesta el sociólogo.

Entonces, se pregunta Hernández: “¿Cómo le vas a criticar a la gente hoy que haga actos de delincuencia, si los has enaltecido al decir porque la gente sea pobre ya tiene derecho a robar? Cuando la gente salió a decir que eso era culpa de los ricos, indiferentes, no piadosos con los pobres; que la culpa no era de los que hicieron (los saqueos), sino de los que no participaron”.

Hernández se muestra escéptico ante la denominación de “crisis moral” por lo que está sucediendo en el país, 27 años después de El Caracazo. “Cada vez que oigo hablar de la crisis moral, también me dan los ataques. Es un discurso de viejo chuchumeco. Cada vez que alguien quiere ponerse profundo, habla de una crisis moral”. 

No hay ninguna crisis moral, a juicio del sociólogo, quien analiza que la sociedad se comporta de acuerdo con las instituciones que la rijan. En el caso de Venezuela, el gobierno ha disuelto las instituciones, eliminado los mecanismos contralores y creado circunstancias que permiten la impunidad. En pocas palabras, se prolifera el delito. 

Reitera Hernández que casi es una tendencia en los discursos de los políticos finalizar advirtiendo que “si las cosas siguen como van, ocurrirá una explosión social”, lo cual no se le ocurriría a ningún político de un país civilizado. “Este fenómeno, al igual que la descalificación y otras formas de violencia en el discurso, solo le ocurre a un país muy desgraciado”.

¿Aprendieron algo los políticos después de El Caracazo? “Yo no estoy muy seguro. Creo que más bien se echaron a perder más. Han convertido en un mito el famoso estallido social, en una especie de principio casi metafísico. Algo así como el poder de Dios, el poder del pueblo”.




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