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Gerardo Rangel Sánchez

Habitantes de La Trigaleña, al noreste de la ciudad, ven con asombro cómo la quebrada que se encuentra en el sector, se está  comiendo literalmente el terreno, en el puente de la avenida 90, ocasionado una falla de borde que afecta a conductores y peatones. A simple vista el problema se oculta, ya que la acera resiste con firmeza pero, el peligro es constante. 

El problema tiene mucho tiempo y nadie hace nada para remediarlo, los vecinos alegan que el consejo comunal se ha dirigido a las autoridades competentes sin embargo, hasta los momentos no han tenido respuesta alguna. 

La falta de agua en la  comunidad es otro problema que sufren los residentes del sector, a pesar que la gran cantidad de edificios posee tanque, el suministro del vital líquido siempre falla. Para María Guerrero, convivir con tobos y ollas llenas de agua dentro de su departamento ya es habitual. “Debo estar preparada y llenar todo lo que pueda, ya que no sabemos cuándo vuelve el agua”, lamentó. 

El vital liquido llega algunos días a las 5 de la mañana en otras ocaciones al mediodía. Ella, como muchos habitantes, debe recurrir a este sistema para desarrollar sus actividades cotidianas, cuando llega el agua aprovecho de bañarme rápido, agregó Guerrero. 

Cerca de la avenida 90 se puede apreciar un aviso  del Gobierno, donde se informa sobre la construcción de un parque para la comunidad entre las calles 129 y 130. El tiempo de ejecución era de noventa días. De eso ya hace mucho tiempo, para la fecha lo único que se realizó fue la limpieza del sector. 

Mariana Prado, habitante del sector, lamenta que no terminen el parque, sería bueno para realizar ejercicio y desestresarse un poco, comentó. 

Varios vecinos que no quisieron identificarse notificaron que la inseguridad es insoportable. Ellos manifiestan que hay que bajarse corriendo de los autos y entrar a las casa para no ser atracados. 

Comprar agua a los camiones cisternas es un gasto que poco a poco afecta a los vecinos, debido al aumento constante de la tarifa. Los camioneros alegan que los repuestos están cada vez más caros,  los neumáticos y baterías no se consiguen. 

Para completar, el transporte público como en otras partes de la ciudad está fallando, los estudiantes deben madrugar para poder tomar el autobús. Los demás residentes que usan las camionetas se ven en la necesidad de caminar un poco o sujetarse de las puertas  de las mismas para poder ir al trabajo. 

Falla de borde afecta la avenida 90

Los taxistas de la línea estacionan sus automóviles cerca del sector, los choferes ven con asombro y preocupación cómo las aguas están minando el terreno. Alfredo Palma tiene 18 años trabajando  en la zona. 

“El problema es que la mayoría de edificios de la zona lanzaron sus aguas negras al río contaminándolo y aumentando su caudal” lo que erosiona la tierra. Cerca del puente hay un centro comercial, esto complica el problema, por la presencia constante de peatones, además no hay baranda alguna para su seguridad.




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