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Rafael García Marvez || garciamarvez@gmail.com

Restan sólo cuatro días para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, que tendrán una repercusión que va más allá de las competencias constitucionales de control y elaboración de las leyes. 

Esta gesta electoral será de una trascendencia política más que otra cosa. Significará en buena medida la muerte lenta de la mal llamada revolución o Socialismo del Siglo XXI. Luego del 6D será un organismo con poca energía y apática. 

Mucho se ha repetido que las fuerzas de la Unidad obtendrán una victoria que le revestirá con la mayoría de diputados, eso no está en discusión, ya las cartas definitivamente están echadas. 

Lo que se discute es si esa mayoría es simple, es decir, de 84 diputados, o mayoría calificada que tendría que sobrepasar los 111 parlamentarios, pues, de allí dependerán las facultades menores o mayores de la nueva Asamblea Nacional. 

Ellos, el oficialismo, han utilizado la estrategia de la imagen de Hugo Chávez luego del fracaso del aumento de los salarios, del cierre de las fronteras, de la regulación de precios, de la violencia, pero resulta que también la representación de su máximo líder fallecido, en las últimas mediciones pierde 18% de la “devoción” de sus antiguos partidarios. 

Pienso que el 7 de diciembre los adversarios de casa: Marea Socialista, Jorge Giordani, Héctor Navarro, Nicmer Evans y Ana Eisa Osorio, entre otros, solicitarán la renuncia a la directiva nacional del PSUV así como a todos los ministros del tren ejecutivo, atentos, porque esa exigencia se pudiera extender hasta Nicolás Maduro, todo dependerá de cómo se desarrolle el conflicto y la magnitud de la derrota. 

Allí se va a centrar la discusión. La tensión pública no estará en conflictos violentos entre grupos del PSUV y la MUD de los que tanto hablan Maduro Y Diosdado Cabello, sino entre los mismos partidarios rojos que pasarán las facturas y tomarán el timón político de lo que queda de la maltrecha embarcación. 

Un presidente con 90% de rechazo no tiene fuerza para desconocer unos contundentes resultados electorales u ordenarle a la Fuerza Armada, por ejemplo, que salga a la calle a reprimir a un pueblo que acaba de manifestarse abiertamente contra el Gobierno nacional. 

De manera, que ante la avalancha de votos el Gobierno y el Consejo Nacional Electoral no tendrán otra opción que aceptar la voluntad del pueblo, sin chistar. 

Finalmente, un llamado a los empleados públicos que también son víctimas de este régimen para que asistan a votar en paz. Que tengan la seguridad de que el voto es secreto. Que mayor riesgo corren no acudiendo a votar que haciéndolo, sencillamente así. 




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