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(Foto Archivo/Wilfredo Hernández)

Fabio Solano || solanofabio@hotmail.com

Hacía frío ese mediodía. Pero más frío tenían en el corazón los doce hombres reunidos en el café de siempre. Todos estaban sin trabajo. Sobre la mesa, varias tazas de café y una copa con una botellita de licor. En el centro de la tabla estaba el decreto 20681. Juan Miguel miraba y remiraba la última página. Cuando le preguntaron qué le pasaba con la orden presidencial, dijo: “Es que me quiero aprender de memoria los nombres de los 14 generales que firmaron. Ellos pasarán a la historia como los que acabaron con la libertad de prensa en este país”.

Mario miró a su colega y dijo: “Los cachacos esperaron la noche para atacar. Al ‘Correo’ llevaron perros como si nosotros fuéramos delincuentes. El director se les enfrentó, pero más pudieron las armas. A ‘La Prensa’ la tomaron como a las 9 de la noche”. La sorpresa se la llevó Salazar Larraín, cuando vio que el interventor había sido profesor suyo. El hombre, acompañado de un coronel, dijo conocerlo y le estiró la mano. El colega no se la dio, y le dijo que ahora él lo desconocía. Juan Miguel levantó la mirada y agregó: “Con ‘El Comercio’ esperaron a las 2 de la mañana. Ya traían un editorial preparado y pararon la rotativa, aunque ya se había enviado la edición para provincias. El escrito en primera lo titularon “El Comercio en la hora de la revolución”. Será la hora de la involución, pues vamos en retroceso y a toda velocidad. Ahora Velasco Alvarado recibirá dentro de dos días a Raúl Castro, sin nada de prensa libre. Como le gusta a los comunistas cubanos”.

Ataque A La Libertad

El 26 de julio de 1974 el gobierno militar del Perú, encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, emitió un decreto ley signado con el número 20681. En esa disposición, firmada por los altos oficiales integrantes del gabinete ministerial, se disponía la expropiación de los diarios que aun eran independientes. En su artículo uno establecía: “Declárase de necesidad nacional y de interés social la edición e impresión, y la difusión de los diarios de distribución nacional y en consecuencia exprópiese…los diarios El Comercio, La Prensa, Correo, Ojo, Última Hora y Expreso…”

Con ese decreto, basado en la Ley de Prensa de la dictadura, el gobierno militar con influencia castrista de Velasco Alvarado, cumplía con su principal objetivo de silenciar los medios de comunicación. Desde 1970 los militares estaban persiguiendo y presionando a los diarios, emisoras de radio y de televisión, para que solo informaran lo que al régimen le convenía. De esa situación estaba en cuenta la Federación de Periodistas del Perú. El gremio emitió opinión con varias semanas de anticipación, señalando que los militares en el gobierno “ni pueden ni deben recortar o condicionar la libertad de expresión que son inherentes a la dignidad humana”.

A principios de julio la FPP invitó a los dueños de los medios, para unir esfuerzos y hablar de la precaria libertad de expresión. Al día siguiente, un diario afecto al régimen publicó una gran foto en primera página y la tituló “Complot”. Querían que la gente pensara que estaban conspirando contra el gobierno. El 27 en la noche lanzaron las “tomas” de los principales diarios. Comenzaron por el “Correo” ubicado en la avenida Wilson, centro de Lima. Qué impresión para los periodistas ver entrar a la tropa armada con fusiles y acompañada de perros de ataque. Más tarde fueron a “La Prensa”, En Jirón de la Unión, y ahí los invadidos vieron con sorpresa que entre el grupo de tomistas estaban algunos periodistas afectos a la dictadura. Al diario “El Comercio” se presentaron en la madrugada. Un coronel encabezaba el grupo armado que tomó uno de los diarios más antiguos y de mayor prestigio del Perú. La edición nacional para la provincia ya había sido impresa. El jefe tomista traía un editorial que fue insertado para los ejemplares de Lima. Ahí se argumentaba, según su visión izquierdista, el por qué de la terrible medida que coartaba totalmente a la prensa.

Para justificar la decisión, el presidente de facto, Velasco Alvarado, declaró que lo que existía en el país era la libertad de empresa, y que a partir de ese decreto los medios pasaban “al pueblo organizado”. Según el militar, se hablaría de verdadera libertad de prensa. Los diarios fueron asignados a dos empresas estatales creadas para tal fin. Raúl Castro llegó a Lima el 29 de julio y participó en un desfile militar con armas soviéticas. Dicen que algunos oyeron a Raúl cuando transmitía el mensaje de Fidel para el general: “No hay revolución con prensa independiente”. Seis años después el régimen militar no existía, y el electo Presidente, Fernando Belaunde Terry, lo primero que hizo fue firmar la devolución de todos los medios a sus legítimos dueños. No pudieron acabar con la prensa libre.




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