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Dayrí Blanco

Se detiene, arranca a medias o a menos del 10% y se vuelve a
paralizar. Así está el motor de la industria nacional. Ese que por 50 años fue
sinónimo de progreso, con más de 100 mil puestos de empleos creados. En esos
días en los que Julián Peña trabajaba por turnos en la línea de carrocería de
una fábrica que utilizaba 30% de materia prima de empresas locales, para la
manufactura de los vehículos que se exhibían en los concesionarios que hoy lucen vacíos. La cadena de afectación es
larga. El país se dejó de ensamblar.

La industria automotriz no registra cifras positivas desde
2012 cuanto tuvo un leve repunte de 8,17% con 130 mil 553 mil unidades armadas,
que representa solo 26,54% del pico máximo de producción del sector en 2007,
con 461 mil 899 vehículos.

Este año los números siguen en rojo. Hasta agosto se
ensamblaron 14 mil 134, que es igual a 4,42% de la capacidad del sector en ocho
meses. Julián está en su casa desde enero de 2014. Cobra salario básico y su
futuro laboral es incierto. La planta de General Motors Venezolana instalada en
Valencia es la que más unidades ha sacado al mercado nacional durante 2015 con
cuatro mil 332. Pero desde el 14 de agosto está paralizada. No hay ni un
tornillo en los almacenes de materia prima, y la proyección para el primer
trimestre de 2016 es nula.

 

Afectación en cadena

La industria automotriz no depende exclusivamente de las
ensambladoras. Las autopartistas nacionales suministran el 30% de los insumos
al sector. Pero la crisis para ellos ha sido más aguda. Empresas que producen
chasis, empacaduras, partes eléctricas y fábricas de metalmecánica, entre
otras, han reportado un cese de sus operaciones desde principios de 2014.

Un problema adicional tuvieron que enfrentar las compañías
manufactureras de automóviles con el cierre de la única fábrica de tanques de
gasolina del país. El 29 de septiembre del año pasado los dueños decidieron
detener su actividad tras nueve meses sin producir una sola unidad. Desde ese
momento su reactivación no ha sido posible pese a los esfuerzos de sus
trabajadores y las ensambladoras han tenido que importar la pieza en época de
escasez de dólares.

La fábrica estatal de asientos para vehículos Autoseat de
Venezuela corrió con la misma suerte. La época en la que manufacturaban 900
unidades diarias se acabó desde que el Ejecutivo dejó de enviarle recursos. Las
principales ensambladoras de automóviles del país eran sus clientes. Cuando aún
funcionaba bajo el nombre de Johnson Controls, antes de ser expropiada.

Las autopartistas asumidas por el Gobierno como Rialca y
Oximetalmecánica registran un bajo rendimiento que no llega al 20% de su
capacidad. Mientras que Danaven está en picada. De ser un emporio empresarial
en Carabobo, hoy solo sobrevive una empresa que le trabaja a Pdvsa.

Propuesta negada

El anuncio se hizo público a mediados de mayo. Ford Motors
comercializaría parte de su producción en dólares como una medida de emergencia
ante la crisis. El secretario general del sindicato, Gilberto Troya, dio la
noticia. También aportó detalles. Mil 187 vehículos ya se habían vendidos y
estaban en el cronograma de manufactura de julio y agosto. Pero el Gobierno
cambió la seña. No aprobó el acuerdo que habría sido firmado en enero con la
gerencia de la trasnacional, pese a que las otras firmas habían manifestado su
interés en suscribirlo.

Era una manera de obtener dólares sin necesidad de pasar por
el filtro del control cambiario que mantiene el Ejecutivo a lo que se sumó la
caída del precio de petróleo que ha priorizado la importación de alimentos y
medicinas. El resto de los sectores ha quedado rezagado.

 

En debacle

Ser parte de las empresas que administra el Estado no es una
ventaja. Al menos no en Venezuela. En el Consorcio Industrial Venezolano de
Tecnología China (Civetchi) nunca se ha logrado llegar al máximo de su
capacidad de 12 mil unidades al año. En 2014 se armaron solo mil, y este año,
hasta mayo se hicieron 400. Solo se ensamblan tres vehículos al día.

La empresa fue intervenida en febrero por el ministerio de
Industrias. Los resultados no han llegado. En contraste está la nómina de 250
trabajadores que desde el jueves 24 de septiembre salen a las puertas de la
empresas a protestar para exigir la reactivación de la producción. En Chery los
problemas contractuales han marcado la pauta con la paralización en varias
oportunidades de la manufactura. El Gobierno pretende poner orden al sector con
la creación de la Corporación Socialista que agrupa a las industrias mixtas y estatizadas,
a través de la que también se podrá adquirir parcial o totalmente las acciones
de las transnacionales privadas.




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