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Se triplicó la capacidad de clientes del establecimiento. (Foto Andrews Abreu)

Dayrí Blanco

La capacidad de su espacio fue triplicada. Caminar por los pasillos del supermercado San Diego de la avenida Bolívar no era posible. Una cola de personas con sus antebrazos numerados o un tumulto de clientes ansiosos que gritaban lo impedían. El clima era de tensión total. El abastecimiento de diferentes productos que han estado marcados por la escasez durante meses provocó el caos.

Tengo miedo a un saqueo, expresó uno de los gerentes del lugar. Su labor no fue fácil durante la mañana y parte de la tarde del viernes. Solo contó con el apoyo que en materia de seguridad le brindo un funcionario de la Policía de Carabobo y otro de la Guardia Nacional. Únicamente esos dos funcionarios y personal del establecimiento intentaron mantener el orden. Pero no pudieron.

Al fondo del comercio, la cola para los pañales, que fue despachado de todas las tallas y en dos marcas, estaba compuesta por más de 500 personas que se gritaban entre sí. Muchos cuestionaban que se hiciera una fila exclusiva para madres con niños en brazos. El área de perfumería estaba colapsada. No se pudo controlar que al terminarse la talla G un grupo burlara la seguridad, entrara a revisar de forma arbitraria el inventario, y hasta le fueron arrancados paquetes a algunos clientes que se disponían a cancelarlos.

Mientras tanto, desde el almacén un trabajador intentaba cargar con una cantidad importante de aceite. Fue dispuesta a un extremo del establecimiento, cerca de las cajas. Informó que se venderían solo tres unidades por persona y el caos se intensificó. Las personas corrían, chocaban entre ellos hasta que se decidió hacer una cola, que en cuestión de minutos se unió a la de los pañales.

También había azúcar y jabón de tocador, pero el inventario se agotó antes del mediodía. Se conoció que al lugar llegaron 250 bultos de pañales, 300 cajas de aceite, 250 bultos de azúcar y 50 cajas de jabón. Fue el primer despacho de esa magnitud de 2015.

Venta regulada en La Candelaria

Luego de una supervisión efectuada en el abasto de carne Barinas, en el sector La Candelaria, por parte de la Superintendencia para la Defensa de los derechos Socioeconómicos, (Sundde), se comprobó un margen especulativo en el precio, por lo que se procedió a la venta regulada al público de una tonelada 700 kilos.

Marcos Torres, inspector popular de este organismo, señaló que tras cotejar la facturación de compra se corroboró que se ofrecía el kilo de carne entre 350 y 440 bolívares. “Se hizo el llamado a las autoridades nacionales de la Sundde y se ordenó vender dos kilos de bisteck y dos de costilla en 440 bolívares el combo, y de esta forma se benefició a más de 100 personas”.

Argenis Rodríguez, dueño del establecimiento, argumentó a las autoridades que el mayorista le suministra a un precio por encima del regulado por el Gobierno nacional lo que le imposibilita hacer la venta por debajo de la compra.

Torres fue enfático al anunciar que además de hacer seguimiento los minoristas, se le está haciendo a los grandes distribuidores a fin de determinar en qué parte de la cadena de distribución se está dando la distorsión.




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